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100 años de Ginger

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Nacida un 16 de julio de 1911 como Virginia Katherine McMath, Ginger Rogers es uno de los símbolos de una forma amable de hacer cine, de entretener a la gente. Sus películas con Fred Astaire en los años treinta, cuando todavía era muy joven marcaron para siempre su imagen. A caballo entre el musical y la screwball comedy, tenían un planteamiento muy sencillo. Chico conoce chica, cantan y bailan. La chica se lo pone difícil al chico, cantan y bailan. La chica cede ante los encantos del chico, cantan y bailan. Componiendo siempre personajes vivaces, con orígenes diversos pero a la postre elegantes y divertidos, llenos de glamour, eran capaces de encandilar a la audiencia american, y por extensión a la de todo el mundo, que vivía bajo las sombras de la amarga depresión. Tengo debilidad por estas películas, en las que además estrenaron muchos de los más conocidos estándares del cancionero americano.

Rogers no fue la rubia más guapa, pero a todos gustaba. No fue la mejor pareja de baile de Astaire, pero destilaban química y elegancia por arrobas. No fue la mejor actriz, pero tuvo sus momentos, que incluso se vieron recompensados por el óscar que recibió más tarde, ya desligada de Fred, por Kitty Foyle (Espejismo de amor). Quizá, como sucede en el firmamento con las grandes estrellas, brilló con intensidad durante poco tiempo, para luego irse apagando muy poco a poco, siendo mucho menos recordados sus papeles en décadas posteriores. Pero en cualquier caso, sus películas nos quedarán para siempre. Por lo menos en el recuerdo.

Desgraciadamente, en la actualidad no es fácil ver las películas de la actriz. Seguro que vi casi todas, si no todas, las películas que hizo con Astaire. De las siguientes, recuerdo The major and the minor, el resto… tendré que encontrar momentos y ocasiones para verlas en un futuro.

Ginger Rogers en sus comienzos, The Gay Divorcee (La alegre divorciada), muy joven y muy guapa.

En Top Hat (Sombrero de copa), probablemente la película más emblemática del dúo Ginger y Fred, con el vestido de plumas que tanta guerra dio al rodar el número de Cheek to Cheek.

La misma película, la misma actriz, el mismo vestido,... y el que faltaba.

Tu dices "ider", yo digo "aider",... uno de los más famosos números de la pareja, bailando sobre patines uno de los más conocidos estándares de Gershwing, Let's Call the Whole Thing Off, en Shall We Dance (Ritmo Loco).

Caracterizada como Kitty Foyle en el papel que le dio el óscar a la mejor interpretación femenina.

Habiendo perdido el rubio platino de sus primeros años, en una escena de The Major and the Minor (El mayor y la menor), una comedia que sí recuerdo haber visto.

En Roxie Hart, película que narraba la misma historia que décadas después nos contaría, de otro modo, el musical Chicago; el papel de Rogers era el mismo que en Chicago representó Renée Zellweger.

Hay cierta coincidencia en que Black Widow (La viuda negra) fue una película mediocre; pero no me he resistido a poner esta imagen en la que aparece con Gene Tierney, otra de mis favoritas que ya apareció por estas páginas.

[La chicas de la Ci-Fi] Mis amores con las robots (primera parte); “pellejudas” años 80

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Decir que Blade Runner es una película emblemática del cine de ciencia ficción de todos los tiempos no es decir nada nuevo. Decir que lo más interesante de la película no son los amoríos de Deckard con Rachael sino la reflexión sobre lo que es humanidad, tampoco. Aunque puede estar más discutido por parte de los partidarios acérrimos del protagonista de la película. Decir que para mí los buenos son los “pellejudos” (skin-jobs en el original en inglés), pues tampoco es ser original. La reflexión sobre si la condición de humano ha de restringirse a los seres biológicos con las características de los Homo sapiens o bien debería extenderse a todas sus creaciones capaces de pensar y sentir de forma indistinguible de la de los Homo sapiens es una constante de la ficción científica. Hay muchos ejemplos en la literatura que también siguen esa línea. Por poner un ejemplo, los robots de Asimov.

Es cierto que en el filme de Ridley Scott la palma se la llevan Deckard y Roy Batty, aunque para muchos esté en discusión sobre qué o quién es Deckard. Para mí, y para muchos un pellejudo más; para otros, incluido el protagonista de la película un ser humano. Creo que la versión del montaje del director, que para mí es la mejor, deja las cosas bastante claras. Pero también es cierto que somos muchos los que nos enamoramos de las “pellejudas” de la película, a las que dedicaré esta entrada.

Veamos quienes fueron, y qué actrices las interpretaron.

Zhora – Joanna Cassidy

La dura asesina Zhora, con sus escasas ropas y sus serpientes artificiales, pone en un buen aprieto al agente Deckard. Quizá la más deshumanizada de todos los replicantes, quizá porque ha presenciado lo más deshumanizado del ser humano. Interpretada por Joanna Cassidy, la actriz no ha alcanzado en la práctica el estatus de actriz protagonista aunque no ha dejado de trabajar en todo tipo de producciones, primero de cine y, después, más asiduamente en televisión.

Cassidy, tremendamente atractiva, como bailarina de striptease con sus boas artificiales.

Zhora (Joanna Cassidy) confronta a Deckard en un momento del filme.

Pris – Daryl Hannah

Daryl Hannah fue un actriz que adquirió una cierta fama en su juventud, alcanzando el protagonismo en distintos largometrajes, pero que después, aunque aparentemente no dejó de trabajar no ha debido hacerlo en producciones especialmente vistosas. Yo por lo menos la he visto poco en los últimos años. Desde algo que hizo con Tarantino,… me parece que en nada. En cualquier caso, en su papel de “novia” de Roy Baty, esta androide destinada al placer “carnal” (por llamarlo de alguna manera), con su aspecto de muñequita, pone también en serios aprietos a pobre de Deckard. Excelente las escenas en el piso donde se camufla entre otros muñecos.

Daryl Hannah inquietantemente caracterizada como Pris

Pris y Roy Batty, dos espectaculares Nexus-6.

Rachael – Sean Young

He decir que siempre pensé que esta actriz, Sean Young, iba a llegar lejos cuando la veíamos en papeles protagonistas en algunas películas de los 80. Sin embargo, esto no fue así. Algunos problemas en algún rodaje, le crearon el aura de actriz conflictiva, y durante los 90 no trabajó mucho, y en producciones de escasa calidad. Ahora se le puede ver de vez en cuando en episodios aislados de series de televisión.

Pero en aquel momento, fue la replicante por excelencia. La que enamora a Deckard. La que hace que se plantee si hay diferencias reales entre un replicante y un ser humano. La que le haga plantear si él mismo es un ser humano. Tanto en sentido estricto como en el amplio. Y qué es ser humano. Fría y distante en ocasiones, casi al más puro estilo mujer fatal, pasa a ser una joven insegura, necesitada de referencias, que duda de sí misma, que no sabe quién es. Con los recuerdos heredados de otra persona. Un personaje clave. A mí me gustaba.

Rachael (Sean Young) confundida entre la multitud espía a Deckard realizando su trabajo.

Rachael confrontada a un mundo de recuerdos; verdaderos o falsos,... pero recuerdos al fin y al cabo.

Al final de alguna forma, todo queda resumido a cómo interpretes que va a ser el destino de Rachael y Deckard. Insisto en que para mí la película que hay que ver es la del montaje del director, sin el final pasteloso de la primera versión. Y el destino de ambos, sean replicantes o humanos, viene a simbolizar el destino de toda la humanidad. Que es el concepto que se ha discutido durante todo el filme. Y desde mi punto de vista, no es un destino muy halagüeño,… no.

Rachael y Deckard, enfrentándose a sus decisiones finales, las que conidicionarán, o no, su destino.

Cuatro actrices españolas en estado de gracia a principios de los 90

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Corría el invierno de 1992, año de acontecimientos en España. En aquel momento, el cine español se encontraba en crisis, como siempre… pero de vez en cuando iba estrenando películas que ilusionaban y arrastraban a los espectadores al cine. Un grupo de directores tenía propuestas personales, distinguibles, y nos iban ofreciendo buenos filmes eventualmente. Y entre todos estos buenos filmes se alzó Belle epoque, una comedia luminosa sobre una España que tal vez existió pero que estaba condenada por la historia a desaparecer durante décadas. Una comedia cargada de nostalgia, con su puntos de drama y amargura puntualmente, que era un canto a la vida, a la libertad y al amor en el sentido amplio de la palabra.

Los protagonistas de aquella película fueron dos hombre. Pero para que aquello funcionase, para que llegase a ser la segunda película premiada por la academia de Hollywood de las realizadas en este país, y la primera que además había convencido a todos los que la vieron, fue necesaria la presencia de las cuatro mujeres, las cuatro actrices, sobre las que pivotaron las aventuras de los protagonistas. Recordémoslas ahora.

Miriam Díaz-Aroca

Fue Clara, la mayor de las cuatro hermanas. Viuda y necesitada de hombre. La menos vistosa, pero llegado el punto, tan atractiva como la que más.

Miriam Díaz-Aroca (a la derecha) y Maribel Verdú en una escena de la película.

La actriz procedía del mundo de la televisión, de presentar fundamentalmente programas infantiles. Tuvo unas cuantas apariciones en la pantalla grande, de las cuales esta película fue la más notable. Luego, básicamente volvió a actuar en series televisivas. Hace años que no soy consciente de que haya hecho algo interesante. Nunca estuvo tan atractiva como en aquel momento.

Ariadna Gil

La actriz catalana representa a Violeta, una chica muy independiente, con una sexualidad que pronto nos damos cuenta que no es que sea equívoca, sino que era poco ‘propia’ para la época. Siempre sentimos que es la que peor lo pasará en los complejos años que vinieron después. Aunque su inteligencia y decisión nos hacen pensar que supo capear el temporal.

En carnavales, disfrada de soldado, Ariadna Gil protagonizó un momento memorable bailando con un desconcertado desertor del ejército español.

Ariadna fue una actriz que llevaba ya unos años sorprendiendo por una mezcla de carácter, físico, elegancia y buen hacer interpretativo, aunque todavía no había saltado plenamente a la fama cuando interpretó el papel de Violeta. Siempre he considerado que es una actriz muy interesante, que ha mantenido los caracteres que he mencionado antes a lo largo de su carrera. Sin embargo, los títulos en los que ha participado han sido muy irregulares en calidad, siendo un reflejo de la irregularidad propia del cine español en los últimos tiempos. Un lástima. Esta chica podría, y puede, dar más de sí.

Maribel Verdú

Probablemente la más conocida del póker de actrices en aquel momento, interpretaba a Rocío, la tercera de las hijas, que tenía algo parecido a un novio, pero que a la vez era la más exhuberante físicamente, y con unas ganas locas de divertirse. De vivir la vida.

Maribel Verdú como Rocío, da largas a su presunto novio, mientras que la más joven de las hermanas, casi desconocida aguanta cansada a su lado.

También sufrió con el tiempo los altibajos del cine español, por lo que en su cinematografía encontramos momentos muy buenos, así como interpretaciones absolutamente infumables. No obstante, con el tiempo ha ido una madurez interpretativa notable, fue abandonando cierto carácter de sex-symbol nacional (no hay más que recordar la rotura de marquesinas para robar los carteles de una campaña de publicidad que protagonizó para una firma de lencería), y nos ha sorprendido con papeles que han sido auténticas maravillas. Creo que de las cuatro es la más capaz en estos momentos de ofrecer excelentes interpretaciones dramáticas.

Penelopé Cruz

La más joven de las cuatro actrices, con menos de 20 años de edad, conocida apenas por un largometraje, interpretó a la ingenua Luz, la hermana menor que desde el principio es la única que siente auténtico enamoramiento por el recluta desertor que se refugia en casa de su padre.

La joven Luz, junto a Clara, su hermana mayor, reivindica también su derecho a enamorarse... y a darse algún revolcón que otro...

Es bien conocido que en estos momentos es la actriz más internacional del cine español. De hecho, podríamos decir que ha renunciado al cine patrio, para trabajar casi exclusivamente en los Estados Unidos, donde ha alcanzado cierta fama, e incluso ha llegado a recibir un premio de la academia de Hollywood. Paradójicamente, en mi opinion ha hecho pocos méritos interpretativos para tal carrera. Siempre me ha parecido una actriz floja, aunque capaz de algún momento bueno cuando la coge por banda algún director competente. Pero ha sabido subirse al carro de la promoción mediática, y le ha cundido. Mejor para ella.

Podríamos resumir que la ‘oscarizada’ película de Fernando Trueba, marcó un auténtico hito en el cine español. No es que sea la mejor de las películas, o de las comedias, de nuestra cinematografía. Pero marcó una especie de mayoría de edad tras los tiempos de la transición. Sin embargo, siempre me ha quedado la sensación de que aunque en los años inmediatos sucesivos hubo nuevas muestras de buen hacer en el cine nacional, poco a poco aquel impulso se vino abajo. Y hoy en día no estamos en la mejor de las situaciones. Tampoco el director consiguió después volver a tener un éxito similar aunque lo intentó.

Pero siempre nos queda el recuerdo de las cuatro hijas de aquel viejo cascarrabias, en una especie de discontinuidad espacio-temporal de la turbulenta España de los años 30, bajando sonrientes, hermosas, radiantes del tren que las trae de la ciudad, y todos nos sentimos como el joven recluta desertor, incapaz de abandonar aquel paraíso femenino por un mundo más oscuro y menos halagüeño en aquel momento histórico.

Las cuatro actrices, las cuatro hermanas, con el "recluta desertor" Jorge Sanz, a quien roban el corazón, a cambio de un poco cama y alegría.

[Las chicas de la Ci-Fi] Anne Francis, ingenuo erotismo en un planeta prohibido y freudiano

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Parece ser que el fallecimiento de Anne Francis el pasado 2 de enero de 2011, pasó bastante desapercibido. Por lo menos yo no me enteré. También es cierto que en esas fechas no estaba yo para mirar mucho la prensa, ni las noticias que aparecen por internet. En cualquier caso, tampoco se puede considerar una de las grandes actrices de la gran pantalla. De hecho, a partir de finales de los 50 y sobretodo en los años 60, básicamente fue una actriz televisiva.

Pero en 1956 participó en una de las películas de ciencia ficción que marcaron el cine de este género en la época, convirtiéndose hasta cierto punto en una película de culto, sea lo que sea ser una película de culto.

¿Quien dijo que las minifaldas se inventaron en los 60? En la imagen promocional vemos unos de los vestidos más largos que llevó la bella Altaira (Anne Frnacis) durante el rodaje de 'Planeta prohibido'.

La película es una muy libre adaptación, o está basada, como prefiráis, de La tempestad de Shakespeare. Pero en este caso, el náufrago y su hija son sustituidos por el científico único superviviente de una expedición al lejano planeta Altair IV, y su bella, rubia e ingenua hija, Altaira.

Cuando una nave espacial de la Tierra llega al planeta para descubrir qué paso con aquella expedición, pronto descubrirán que algo anómelo se esconde en aquel planeta, donde no son muy bien recibidos, y en el que se encuentran restos de una antigua civilización ya extinguida, y su tecnología todavía en uso.

El doctor y su hija, esta en brazos del valiente comandante, asisten a una de las manifestaciones del monstruo que atemoriza a quienes se posan sobre Altair IV.

Acorde con las modas de la época de producción, la magia presente en la obra de Shakespeare, es sustituida por una reflexión de los conceptos freudianos, especialmente el ello concebido como la bestia interior que todos llevamos dentro y cuyos instintos se encuentran sublimados por los estratos superiores al subconsciente, que lo dominan. Salvo cuando no lo dominan y el monstruo sale al exterior.

La presencia de la bella Altaira trastocará los planes del viejo científico, al enamorarse del apuesto comandantede la nave espacial terrestre. A pesar de su ingenuidad y su inociencia, habiéndose criado en un entorno libre de los estímulos que influyen en la sexualidad de las jóvenes, no podrá evitar dejar que su propia naturaleza femenina se vea atraida por la posición del liderazgo del comandante.

A pesar de lo soso que es el comandante de la nave, un Leslie Nielssen todavía muy lejano de la comedia paródica que le daría fama en un futuro, la rubísima Altaira cae derretida de amor en sus fuertes brazos.

La película, en otro orden de cosas, también llevo fama por dos cosas. Una de ellas es un protagonista no humano, Robbie, uno de los primeros robots con un papel trascendente que aparecieron en el cine de ciencia ficción, y que atrajo a no pocos espectadores a las salas. A pesar de que hoy nos parece un poco como un muñeco michelín con chirimbolos raros. La otra es que la banda sonora está basada en música puramente electrónica que,… la verdad,… suena bastante chirriante, con sus pitidos y esas cosas.

En una imagen promocional del filme vemos a los dos personajes favoritos del personal; la guapa Altaira y el robot Robbie.

En cualquier caso, una película destacable en la historia del cine, y que nos permite añadir otra actriz a nuestra lista de “chicas de la Ci-Fi”. Para finalizar, un ejemplo de los “pícaros” diálogos de la guapa actriz con el comandante:

Altaira: [swiming in a pool] Come on in.
Commander John J. Adams: I didn’t bring my bathing suit. 
Altaira: What’s a bathing suit? 
Commander John J. Adams: [quickly turning his back] Oh, murder!

O en una traducción más o menos libre pero fiable:

Altaira: [nadando en una piscina] Ven, métete.
Comandante John J. Adams: No he traído mi traje de baño. 
Altaira: ¿Qué es un traje de baño? 
Comandante John J. Adams: [volviéndose rápidamente] ¡Oh, diablos!

Altaira, un poco decepcionada, sale del baño ante la reticencia del comandante a darse una chapuzón con ella... por (o a pesar de) la ausencia de trajes de baño.

Tres, sólo tres interpretaciones le he visto… y cómo me gusta Carey Mulligan

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A decir verdad, en el momento de escribir esta entrada, es una actriz todavía muy joven. Aún le faltan unos días para cumplir los 26 años. Sin embargo, Carey Mulligan ya ha causado impacto en el mundo del cine. Por dos motivos. Por la solidez de sus interpretaciones, y por el encanto físico y personal que irradia. Tiene todo lo necesario para haber arrasado en cualquier otra época. Pero esta que vivimos… no es como antes. Y a lo mejor eso también es bueno. En cualquier caso, a mí me parece una de las actrices jóvenes más interesantes de la actualidad.

Mi primer conocimiento de sus capacidades vienen de la televisión. Sí. Porque hay países en el mundo donde ser actor o actriz de televisión no es sinónimo de mediocridad. Y fue en el que es considerado por muchos, incluido yo mismo, el mejor episodio de Doctor Who desde que se renovó esta franquicia televisiva en 2005. El episodio titulado Blink. Una historia en el que el protagonista y acompañantes tenían muy poca presencia. Un episodio de transición pensado para rellenar mientras el reparto habitual rodaba otros capítulos más complejos e importantes en el arco argumental de la serie.

Los malos de ese episodio, los ángeles llorones (weeping angels), han disfrutado de otras oportunidades en la serie, convirtiéndose en unos de los malos favoritos del personal. Pero nunca hemos disfrutado de nuevo de la presencia de la encantadora Sally Sparrow.

Carey Mulligan, como Sally Sparrow, presentaba el equilibro perfecto entre la fragilidad de su aspecto adolescente y la determinación con que se enfrenta a los peligros propios del universo del Doctor.

Además, la buena de Sally tiene que enfrentarse a unos de los malos más conseguidos y aterradores de la franquicia; el episodio, más que de ciencia ficción, se puede considerar de terror y suspense, y tiene un guion magnífico, una obra maestra del aprovechamiento de las paradojas del viaje en el tiempo.

Tras alguna aparición en el cine en la que pasó desapercibida, por ser papeles secundarios, llegó su gran oportunidad al obtener el papel protagonista de An Education (Una educación). La dinámica, vivaz y romántica adolescente que es seducida por un caradura mucho mayor que ella, y que debe aprender por las malas determinadas lecciones de la vida fue un hallazgo para todos los amantes del cine. Le supuso una candidatura al óscar, y una lluvia de oportunidades que todos esperamos que sepa aprovechar.

Jenni, la adolescente perfecta, buena hija, estudiosa, bien integrada en el medio escolar,... pero con pajaritos románticos en la cabeza que le llevarán a complicarse la vida.

Se comparó a la actriz con Audrey Hepburn en este filme; la juventud, el físico delicado, y su transformación de chica corriente en joven sofisticada y hermosa, hicieron inevitables las comparaciones. Sin embargo, yo las veo como dos actrices con caracteres y capacidades distintas. Y en ambos casos, positivas.

Sin embargo, donde a mí particularmente me cautivo y me conmovió fue interpretando el papel de Kathy H. en la adaptación cinematográfica de la novela de Kazuo Ishiguro, Never Let Me Go (Nunca me abandones). En una historia que se desarrolla en una sociedad distópica, donde los “donantes” no se consideran siquiera como seres humanos, la actriz compone un personaje lleno de humanidad, de sensibilidad y de atractivo. Se come literalmente al resto del reparto, donde encontramos nombres mucho más consagrados. Y aunque la película no ha alcanzado una gran repercusión mediática, ni ha atraído tampoco en demasía a público y crítica, merece la pena verse sólo por verla actuar a ella.

La capacidad de amar y de empatizar de Kathy H. llega al público gracias a la más que notable interpretación de Carey Mulligan en este complejo papel, en una compleja historia.

La genuina sensación de indefensión, de desamparo, cuando los dos 'donantes' enamorados alcanzan la total comprensión de lo que son y representan en la sociedad enferma en la que viven, es capaz de conmover el ánimo más curtido.

A partir de aquí sólo nos queda esperar. Esperar a que los buenos papeles le sigan persiguiendo. Y poder disfrutar de esta excelente actriz británica durante muchos, muchos años. Seguro que sí.

[Las chicas de la Ci-Fi] Uma, una perfecta y gélida rubia para un gélido e imperfecto mundo de gentes perfectas

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Probablemente, Uma Thurman merezca una o varias entradas en estas páginas, dependiendo de cómo analice la cuestión en su momento. Pero recientemente volví a ver una película que siempre me ha parecido infravalorada, aunque parece que hay un cierto movimiento entre el respetable para reivindicarla. Se trata de GATTACA, perteneciente al género de ciencia ficción, subgénero distopías. Una película que ya tiene 14 años en el momento que escribo esta entrada y que está envejeciendo espléndidamente.

Uma representa a Irene, rubia, guapa, eficiente, disciplinada, la perfecta mujer para la perfecta sociedad distópica.

La sociedad de GATTACA es una sociedad de seres humanos perfectos, seleccionados genéticamente en el momento de la concepción, sin dejar nada al azar, eso les permite alcanzar altas cuotas de desarrollo personal, en todos los aspectos de la vida. Aunque también otorga a la sociedad una aterradora monotonía, una desasosegante uniformidad en la belleza del entorno y de sus componentes.

Irene se siente atraída por Jerome Morrow (Ethan Hawke); aunque este es en realidad Vincent Freeman (no es casualidad el apellido, supongo), un hombre nacido sin selección genética previa. Destinado, estadísticamente a morir joven, sólo puede ascender socialmente mediante el engaño. Poco a poco, descubrimos que Irene, en contacto con Vincent, va destapando sus aspiraciones individuales repremidas

En la sociedad de GATTACA, nombre que no significa nada, que simplemente es una secuencia de bases nitrogenadas, componentes de los ácidos nucleicos que son los ladrillos de nuestro ADN, las relaciones interpersonales existen, se dan, pero semejan la misma frialdad que preside toda la sociedad. No hay proyectos interpersonales aparentes; una cierta atracción, sexo, quién sabe si algo más.

Dejando de lado la convencionalidad del aspecto personal en la vida cotidiana y laboral, Irene se muestra en todo su esplendor conforme llegan las citas con el falso Jerome.

Conforme la fría Irene que representa Uma vaya descubriendo el amor de un hombre imperfecto, irá tomando conciencia de su propia individualidad, de sus propias aspiraciones, aunque no tenga la fuerza interior ni la voluntad para buscar un camino para llevarlas a cabo.

Poco a poco, conocera Irene las debilidades de Vincent; un corazón destinado a pararse en la juventud, unos ojos que carecen de nitidez para ver el mundo que le rodea sin ayuda de potentes lentillas,... y una fuerza de voluntad y determinación a prueba de la más perfecta de las distopías.

Poco a poco, conforme adquiera conocimiento de la verdad sobre la dualidad Jerome/Vincent, llegará a una aceptación de la persona. Y sublimará su propia insatisfacción ayudando al joven entusiasta en su proyecto de llegar al espacio exterior. El individuo triunfará esta vez, aunque tal vez pírricamente, sobre la sociedad distópica.

Recomendable, muy recomendable. Tanto la película, como la interpretación de la rubia y guapa actriz.

Cuando una mujer se suelta el pelo,… se quita las gafas,… cualquier cosa es posible

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Por alguna razón desconocida, una de mis películas favoritas es The Big Sleep (El sueño eterno). Basada en una novela negra de Raymond Chandler del mismo título, y la primera en la que aparece el detective Philip Marlowe, siempre he pensado que su trama es un follón de mucho cuidado, casi imposible de descifrar. Pero a pesar de ello, es una película impresionante, que me gusta ver de vez en cuando. Al menos, una vez al año.

Hay muchos elementos de sensualidad en el filme, con alguna que otra actriz interesante, de mis favoritas, de la que habrá que ir hablando más adelante. Pero hoy voy a hablar de la actriz, una secundaria con un papelito pequeño, que hace la que me parece una de las escenas más picantes, con uno de los strip-teases más escuetos y castos de la historia del cine. Y la actriz en cuestión no es otra que la por entonces muy joven, Dorothy Malone.

Una joven y guapa Dorothy Malone en todo su esplendor.

Acreditado el papel en la película como ‘propietaria de la librería Acme’, se encuentra con el protagonista masculino, Bogart haciendo de Marlowe como nadie más lo ha hecho, cuando este se refugia en la librería mientras somete a vigilancia a un sospechoso. Y allí aparece la librera con aspecto intelectual. Pelo castamente recogido. Gafas. Y una pinta de no haber roto nunca un plato.

Marlowe y la librera comienzan su breve pero intenso diálogo.

Tras un diálogo lleno de picardías, la librera se quita las gafas se suelta el pelo,… la mujer aparece en todo su esplendor,… Y sólo la retorcida mente del guionista, y de los espectadores, puede imaginar lo que pasa mientras Marlowe hace tiempo para volver con su sospechoso. En una época donde regía el código Hays, los realizadores se las ingeniaban para aportar la sal y el picante necesario a las películas para atraer al público, sin necesidad de violar las mojigatas regulaciones de la hipócrita sociedad e industria cinematográfica norteamericanas.

Ya sin gafas, la librera y Marlowe brindan por lo que vaya a pasar.

Lo cierto es que posteriormente Dorothy Malone no llegó a ser una gran estrella del celuloide. Tuvo unos cuando papeles en diversos westerns y otras películas en los años 40 y principios de los 50, hasta que le llegó su gran momento cuando consiguió el óscar a la mejor interpretación femenina de reparto por su papel de Marylee Hadley, la hermana licenciosa en el melodrama Written on the Wind (Escrito en el viento), donde volvió a coincidir con la protagonista femenina de The Big Sleep.

Una exhuberante Marylee (Dorothy Malone) se encara con un soso Mitch (Rock Hudson) en la mansión de los Hadley.

Ya convertida en rubia platino, aun tuvo un cierto recorrido en la gran pantalla hasta que se pasó con armas y bagajes a la televisión, donde también tuvo unos cuantos éxitos, aunque eso es otra historia. En cualquier caso, si bien no se puede encuadrar entre las grandes, sin duda es una de las actrices que nos han hecho soñar.

De rubia, y ya madura, este era el aspecto de la Malone conforme se acercaba a su época de fama televisiva.

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