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[Las chicas de la Ci-Fi] Con Jane Fonda, la psicodelia de los sesenta se paseó por el espacio exterior

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1968. Ese año mágico de la segunda mitad del siglo XX, al que no sé si hay que darle las gracias por todo los que vino después, o achacarle todos los males que nos acontecen desde entonces. Serias dudas me entran. Pero en esta serie sobre las actrices que nos hicieron soñar en las películas de ciencia ficción, no nos podemos poner excesivamente serios. Y en 1968, se estrenó un película que no sirvió para lanzar a su protagonista al estrellato, si no a las estrellas. La película fue Barbarella, y la protagonista la guapísima Jane Fonda.

Barbarella, una película de factura europea, en plena época de la psicodelia, para mayor gloria de la belleza de Jane Fonda.

Reconozcamos las cosas como son. La película es mala. No voy a decir que es mal de solemnidad. Pero sí que es muy floja. Y además a envejecido mal. Desde luego, en la actualidad probablemente el interés no pasa de ver las secuencias inciales en las que Jane Fonda, vestida con un traje espacial, realiza un striptease cinematográfico en una supuesta condición de gravedad cero en su nave espacial. Y probablemente, si somos racionales, aquí acaba el interés de la película. O casi.

El sexo es un elemento notorio en el argumento de la película, aunque hoy en día nos parecerá a ratos ingenuo, a ratos ridículo.

El argumento de la película… Pues que a nuestra heroína le encargan salvar al mundo de la amenaza que supone un científico loco de nombre Duran-Duran (o Durand-Durand, según estemos ante la versión inglesa o francesa de la película, que se rodaron simultáneamente). Para ello, nuestra heroína deberá afrontar una serie de aventuras, casi todas ellas con un componente sexual, que van desde montárselo con ser ciego y alado de aspecto angelical, que recuperará la vista tras echar un polvo con la guapa protagonista, a sufrir tortura en una máquina (the Excessive Machine) destinada a ejecutar al sufridor mediante los tremendos orgasmos que produce. Claro que ante Barbarella, la máquina no tendrá nada que hacer y llegará al límite de sus posibilidades sin dañar a la aventurera. Para que os voy a contar más.

Barbarella es llevada por los cielos por Pygar, un ser angelical ciego, que será uno de sus principales aliados.

La película no tuvo una gran acogida. Ni de crítica ni de público. Normal, diría yo. Pero con el tiempo se convirtió en lo que se ha dado en llamar una ‘película de culto‘. Pero claro, para que una película sea ‘de culto’, no tiene porque ser buena. Simplemente tiene que conseguir que un grupo de aficionados, más o menos cultos o más o menos pirados, hablen de ella constantemente y la mantengan en el candelero. O en ‘el candelabro’ como dijo aquella miss de Valladolid. ¿O era de Madrid? Todo termina en ‘id’.

Hemos de recordar que la película se basó en un cómic francés de cierta fama de principios de los años sesenta.

Jane Fonda, como Barbarella, todo lo vestida que puede llegar a aparecer en la película; con un corte muy clásico, a lo legionario romano.

Un famoso grupo de la new wave británica tomó el nombre del malo de la película, Duran-Duran.

El concepto de máquina productora de orgasmos ha aparecido en diversas producciones cinematográficas, con interés menos sádico y más placentero en general. Yo siempre me he quedado con el orgasmatrón de Sleeper (El Dormilon) de Woody Allen.

Barbarella en la 'máquina excesiva' destinada a llevarla a la muerte por estimulación sexual hasta el orgasmo letal; sí, sí, no bromeo,... de esto iba la cosa.

¿Quién teme a Elizabeth Taylor? (in memoriam)

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Muchos temieron a Elizabet Taylor. Y no pocos la amaron. Y ahora, a los 79 años, su corazón, quizá fatigado de entregarlo sin mesura durante sus mejores años, la ha postrado y finalmente le ha fallado. Y un 23 de marzo, hoy, ha muerto.

Cuando muere uno o una de los grandes del star system acuden a las plumas de quienes escriben los obituarios cosas como “una gran pérdida para el cine”, “deja un hueco difícil de llenar”, o chorradas por el estilo. Liz Taylor hace muchos años que dejó de ser importante en el cine. Salvo por una cosa. Salvo porque las películas quedan, y son eternas. A al menos deberían serlo. Mientras exista un ser humano para disfrutarlas.

No voy a hacer aquí un repaso exhaustivo de la filmografía de la actriz. Tonterías. No he visto todas sus películas, ni ganas que tengo. Tampoco haré de “prensa rosa” comentando su siempre comentado romance con Richard Burton. Aburrido. Pero sí que haré un repaso a porqué ocupará siempre un lugar en mi corazón de una forma u otra en seis películas. Y que sirva como mi homenaje particular a esta que fue una de las grandes del cine. Y desde luego una de las mujeres más bellas que he visto en mi vida.

Una película para odiarla

Actriz adolescente por expreso deseo de su madre, siempre odié su personaje en Little Women (Mujercitas). Simplemente no la podía aguantar. Cada vez que nos torturaban antaño con este melodrama de la guerra civil americana, aborrecía sus estúpidos tirabuzones y sus modales de niña pija inaguantable. Si sólo conociese esta película de la Taylor estaría condenada para siempre en mi infierno cinematográfico.

Aunque no lo parezca, la de los horribles tirabuzones de la derecha es la mujer que luego haría soñar a muchos; y eso que en la foto está guapa.

Una película para perder la cabeza por ella

Como le pasó a Montgomery Clift en A Place in the Sun (Un lugar en el sol), en la que pierde la cabeza por una belleza absolutamente deslumbrante, por su estilo, por su clase, por ser todo aquello con lo que sueña un hombre, especialmente si viene desde abajo y quiere llegar alto. Si a alguien se le ocurre dudar de la belleza de la actriz, esta es la película para quitarse las dudas.

Desde mi punto de vista, la película en la que más guapa estaba; claro que apenas tenía dieciocho o diecinueve añitos.

Una película para quererla

El personaje protagonista de Ivanhoe siempre me pareció un cretino. Sólo a él se le ocurre preferir a una cristiana frígida y creida en lugar de escoger a la más bella judía que se ha interpretado en la pantalla grande. Si además bebía los vientos por el estirado sajón,… Si estaba para cogerla, mandar a todos los demás a freir vientos, buscarse un buen castillo con vistas al mar y dedicarse a cuidarla y quererla para siempre… Tonto.

A punto de convertirme al judaísmo estuve yo por la Rebecca de Ivanhoe; con lo palo y estirado que era el condenado sajón.

Dos películas para apasionarse con ella

Las dos basadas en dos obras de Tennessee Williams. Por supuesto, la atormentada protagonista de Suddenly, Last Summer (De repente, el último verano). Impresionante. Pero sobre todo, Cat on a Hot Tin Roof (La gata sobre el tejado de zinc). Esta última es sin duda una de mis diez películas favoritas de toda la historia, y probablemente mi adaptación teatral al cine preferida. El duelo interpretativo con Paul Newman es de obligada visión para cualquiera que quiera siquiera aproximarse levemente a la condición de persona a la que le gusta el cine. Y nuevamente, todo pasión, una de las mujeres más guapas que han aparecido en una pantalla de cine.

Si alguien no se enamora de "la gata" en esta adaptación de Tennessee Williams, es que no le gustan las mujeres o que no tiene sangre en las venas.

¿Y qué me decís de esta escena en la playa de "De repente, el último verano"?

Una película para adorarla

Cinematográficamente hablando. Si la década de los cincuenta fue la década gloriosa de la actriz, a partir de ahí la mediocridad dominó en la filmografía de la Taylor. Hasta que nos ofreció otro recital interpretativo en Who’s Affraid of Virginia Woolf (¿Quién teme a Virginia Woolf?). Con sólo 34 años de edad, la actriz había abandonado el aspecto glamouroso que la había caracterizado. Interpretando a una mujer que envejece mal por culpa del alcohol y de su tormentosa relación matrimonial, la actriz nos ofrece lo mejor de sí misma, convirtiendo a esta película en otra must see de la historia del cine.

Gorda, envejecida,... pero más mujer y más apasionada que nunca; para no olvidarla jamás.