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[La chicas de la Ci-Fi] Mis amores con las robots (primera parte); “pellejudas” años 80

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Decir que Blade Runner es una película emblemática del cine de ciencia ficción de todos los tiempos no es decir nada nuevo. Decir que lo más interesante de la película no son los amoríos de Deckard con Rachael sino la reflexión sobre lo que es humanidad, tampoco. Aunque puede estar más discutido por parte de los partidarios acérrimos del protagonista de la película. Decir que para mí los buenos son los “pellejudos” (skin-jobs en el original en inglés), pues tampoco es ser original. La reflexión sobre si la condición de humano ha de restringirse a los seres biológicos con las características de los Homo sapiens o bien debería extenderse a todas sus creaciones capaces de pensar y sentir de forma indistinguible de la de los Homo sapiens es una constante de la ficción científica. Hay muchos ejemplos en la literatura que también siguen esa línea. Por poner un ejemplo, los robots de Asimov.

Es cierto que en el filme de Ridley Scott la palma se la llevan Deckard y Roy Batty, aunque para muchos esté en discusión sobre qué o quién es Deckard. Para mí, y para muchos un pellejudo más; para otros, incluido el protagonista de la película un ser humano. Creo que la versión del montaje del director, que para mí es la mejor, deja las cosas bastante claras. Pero también es cierto que somos muchos los que nos enamoramos de las “pellejudas” de la película, a las que dedicaré esta entrada.

Veamos quienes fueron, y qué actrices las interpretaron.

Zhora – Joanna Cassidy

La dura asesina Zhora, con sus escasas ropas y sus serpientes artificiales, pone en un buen aprieto al agente Deckard. Quizá la más deshumanizada de todos los replicantes, quizá porque ha presenciado lo más deshumanizado del ser humano. Interpretada por Joanna Cassidy, la actriz no ha alcanzado en la práctica el estatus de actriz protagonista aunque no ha dejado de trabajar en todo tipo de producciones, primero de cine y, después, más asiduamente en televisión.

Cassidy, tremendamente atractiva, como bailarina de striptease con sus boas artificiales.

Zhora (Joanna Cassidy) confronta a Deckard en un momento del filme.

Pris – Daryl Hannah

Daryl Hannah fue un actriz que adquirió una cierta fama en su juventud, alcanzando el protagonismo en distintos largometrajes, pero que después, aunque aparentemente no dejó de trabajar no ha debido hacerlo en producciones especialmente vistosas. Yo por lo menos la he visto poco en los últimos años. Desde algo que hizo con Tarantino,… me parece que en nada. En cualquier caso, en su papel de “novia” de Roy Baty, esta androide destinada al placer “carnal” (por llamarlo de alguna manera), con su aspecto de muñequita, pone también en serios aprietos a pobre de Deckard. Excelente las escenas en el piso donde se camufla entre otros muñecos.

Daryl Hannah inquietantemente caracterizada como Pris

Pris y Roy Batty, dos espectaculares Nexus-6.

Rachael – Sean Young

He decir que siempre pensé que esta actriz, Sean Young, iba a llegar lejos cuando la veíamos en papeles protagonistas en algunas películas de los 80. Sin embargo, esto no fue así. Algunos problemas en algún rodaje, le crearon el aura de actriz conflictiva, y durante los 90 no trabajó mucho, y en producciones de escasa calidad. Ahora se le puede ver de vez en cuando en episodios aislados de series de televisión.

Pero en aquel momento, fue la replicante por excelencia. La que enamora a Deckard. La que hace que se plantee si hay diferencias reales entre un replicante y un ser humano. La que le haga plantear si él mismo es un ser humano. Tanto en sentido estricto como en el amplio. Y qué es ser humano. Fría y distante en ocasiones, casi al más puro estilo mujer fatal, pasa a ser una joven insegura, necesitada de referencias, que duda de sí misma, que no sabe quién es. Con los recuerdos heredados de otra persona. Un personaje clave. A mí me gustaba.

Rachael (Sean Young) confundida entre la multitud espía a Deckard realizando su trabajo.

Rachael confrontada a un mundo de recuerdos; verdaderos o falsos,... pero recuerdos al fin y al cabo.

Al final de alguna forma, todo queda resumido a cómo interpretes que va a ser el destino de Rachael y Deckard. Insisto en que para mí la película que hay que ver es la del montaje del director, sin el final pasteloso de la primera versión. Y el destino de ambos, sean replicantes o humanos, viene a simbolizar el destino de toda la humanidad. Que es el concepto que se ha discutido durante todo el filme. Y desde mi punto de vista, no es un destino muy halagüeño,… no.

Rachael y Deckard, enfrentándose a sus decisiones finales, las que conidicionarán, o no, su destino.

[Las chicas de la Ci-Fi] Sigourney, el azote de los más terroríficos extraterrestres que en el cine han sido

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A Sigourney Weaver la fama le vino de la mano de un horrible alienígena, que por culpa de la avaricia de las grandes corporaciones mercantiles, acaba metido en la inolvidable Nostromo, de una de las mejores películas de su director, Ridley Scott, y de la historia del cine de ciencia ficción: Alien (Alien, el octavo pasajero).

La tripulación de la Nostromo es despertada por 'Madre', el ordenador de a bordo, al recibir la señal alienígena de un planeta cercano.

La sargento Ellen Ripley (warrant officer es la graduación original, que se puede traducir por sargento mayor o algo parecido) será uno de los personajes que marcará la carrera de la actriz, a pesar de que tiene unas dotes interpretativas que dan para mucho más, como ha demostrado a lo largo de su carrera. Pero volvamos a lo que nos ocupa, su encarnación de la sargento Ripley.

Ripley forma parte de una nave espacial comercial, la Nostromo, que tras una misión se encuentra de regreso a la Tierra llevando a su tripulación en hibernación (nada de hiperespacios y curvaturas del espacio en este universo; las naves espaciales vuelan según Newton, o en el mejor de los casos, modificado por Einstein). Cuando descubren una señal de origen alienígena procedente de un planeta que pasaba por allí.

El capitán, su oficial ejecutivo, el oficial científico y Ripley, la responsable de la seguridad, toman decisiones sobre lo que hacer ante la recepción de la señal alieníagena.

Tras una misión de investigación, uno de los tripulantes es atacado por un alienígena, que se le queda atascado a la cara. A pesar de la negativa de la sensata y racional Ripley, el oficial científico permite el paso a los expedicionarios, con el bicho adherido a la cara del oficial ejecutivo. Poco saben de lo que les viene encima.

Ripley opina que no conviene franquear el paso a los expedicionarios que llevan al alienígena adherido; convendrá mantener los métodos de cuarentena, aunque será traicionada por el sorprendente oficial científico. Maldito 'pellejudo', sería el apelativo que hubiese recibido en otra de las más famosas películas del director.

No voy a detallar todas las vicisitudes por las que pasa la malhadada tripulación de la Nostromo. Sólo diré que poco a poco, irán cayendo en las garras del terrible alienígena, que se convertirá en uno de los personajes de ficción más famosos de la historia del cine. Sólo la prudencia, la inteligencia, y el coraje de Ripley le permitirá llegar al emocionante enfrentamiento final con el feo extraterrestre.

La sargento Ripley, armada hasta los dientes, dispuesta a enfrentarse al maldito bicho.

A pesar del título en español, el alienígena no es el octavo pasajero de la Nostromo, sino el noveno; porque el gato de la tripulación merece el título de octavo pasajero con mayor justicia.

Un traje para actividades extravehiculares es un buen sitio para planear cómo deshacerse del monstruo.

La película tuvo un gran éxito, y dio lugar a una saga con tres películas más de las que yo sólo he visto un tercio de la segunda película, Aliens. No voy a contar, porque nunca llegué a ver esta película entera, aunque tiene su gracia. Pero el hecho es que nunca lo hice en la pantalla grande, aun habiendo empezado a verla en la fila 9 del cine Palafox de Zaragoza, si no recuerdo mal un miércoles del invierno de 1986-1987. Lo cierto es que lo poco que vi tenía un tono que nada tenía que ver con las sutilezas de las primera película. Y ya no sentí interés por el resto de la saga ni por el personaje, que de repente se había convertido en una especie de “rambo” femenino espacial.

Pero fuimos muchos los que sentimos algo importante por la sargento Ripley allá a finales de la década de los 70.

En la primera secuela de la película, Ripley con unos cuantos marines espaciales se dirigen a salvar a una colonia extraterrestre,... con poco éxito, aunque algún superviviente queda.

Juliette, el chic de lo francés

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Hace un par de días estaba cenando con unos amigos, cuando surgió a conversación el fallecimiento de Elizabeth Taylor. Y de ahí derivó la conversación a hablar sobre actrices guapas, realmente guapas. Con una sensación. Que hoy en día hay muchas actrices a las que se les puede llamar guapas, pero ninguna te deja la impresión de las de antaño. No sabíamos definir muy bien porqué. O hasta que punto era una sensación subjetiva, etérea y difícil de definir. En un momento dado, alguien comentó algo así como… “bueno, están las francesas; las actrices francesas siempre son muy guapas”.

Creo que podría dedicar una entrada monográfica a las actrices francesas. Por lo menos de una determinada época. O incluso hacer una serie. Pero de momento me contentaré con hablar de aquella que más nos ha gustado siempre. Que más capacidad ha tenido para enamorarnos. Con quien más hemos sentido en la pantalla del cine. Aunque objetivamente se pudiera decir que hay otras más guapas. Que todo es cuestión de gustos. Me refiero a Juliette Binoche.

Tereza, una joven enamorada checa utiliza una cámara de fotos para inmortalizar los acontecimientos del a primavera del 68, y otros relacionados con su vida sentimental, en La insoportable levedad del ser.

Mis primeros recuerdos de la actriz son del estreno en España de la adaptación de la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser. Una película sobre la que no hay unanimidad en su apreciación, pero que a mí siempre me ha gustado. Especialmente porque nos dio a descubrir a un trío protagonista muy interesante. De Lena Olin tal vez hable más adelante. Porque siempre me ha parecido también una mujer y una actriz muy interesante, que ha coincidido con Binoche en más de una ocasión.

Pero si ya en aquella película nos abrumó el aspecto frágil de aquella bella joven de veintipocos años, creo que su película de juventud que acabó de definirla y convertirla en un icono de una forma de ser y actuar en el cine europeo fue Les amants du Pont-Neuf (Los amantes del Puente Nuevo). El retrato de la joven pintora sin techo que se refugia en las obras de rehabilitación del más viejo puente de París, a pesar de su nombre, maltratada por el amor y por la naturaleza, y que acabará viviendo una bella historia de amor con otro vagabundo de las calles parisinas es uno de los papeles más destacados del cine de la época.

La joven Michelle llega a un acuerdo de convivencia con el gruñón de Hans para compartir los espacios del Pont-Neuf, sobre el Sena.

Poco a poco, llegó la fama internacional y las oportunidades de campanillas para la radiante y natural belleza de esta actriz nacida en la capital gala en 1964. Y probablemente fue su interpretación en la primera parte de la trilogía de los colores de Kieslowski, Trois couleurs: Bleu (Tres colores: Azul), la que la lanzó definitivamente al estrellato. No es mi película favorita de la trilogía, pero hay una cierta unanimidad en la crítica sobre las cualidades tanto del filme como de la interpretación.

No mucho después llegó el reconocimiento internacional, cuando recogió su óscar a la mejor interpretación femenina de reparto por su papel de Hana en The English Patient (El paciente inglés). Su composición de la joven enfermera canadiense durante la invasión aliada de Italia, que queda al cuidado del quemado y atormentado “paciente inglés” consiguió algunas de las escenas más emotivas del cine que he visto en la gran pantalla, haciendo de esta película, con la colaboración necesaria del resto del elenco, una de mis favoritas de toda la historia del cine.

La atormentada viuda del compositor que representa en Tres colores: Azul enamoró a muchos espectadores.

Hana, con su uniforme de campaña de las fuerzas auxiliares de sanidad canadienses en Italia, se refugia ante uno de las estresantes situaciones que le harán replantearse que hace ella en esta guerra.

Obviamente no voy a repasar todas las películas que he visto de la actriz, sólo aquellas que más significativas me parecen. Por lo tanto, daré ahora un salto para encontrarla convertida en una especie de “bruja buena” que con su hija es llevada por el viento hasta un conservador pueblo de la campiña francesa, donde embrujará a todos no con sortilegios ni cosas de estas, sino con su encanto natural y sus dulces de chocolate. Por estamos hablando de Chocolat, una película adaptación de la novela del mismo título de Joanne Harris, una película que aunque no alcance el nivel de las anteriores es una delicia de ver, y que nos muestra a una Juliette Binoche que progresivamente va aceptando su entrada en papeles de mujer más madura. Tranquilamente. Sin grandes alharacas.

Esta película reivindica notablemente la figura femenina, y cuenta con otras excelentes actrices en su reparto, de las cuales en algún momento iré hablando. Nuevamente colabora con Lena Olin.

La itinerante madre Vianne Rocher abre su chocolatería en el ficticio Lansquenet-sur-Tannes, en algún lugar del centro de Francia, alterando la tranquila y ordenada vida de sus conservadores habitantes.

Cerraré mi repaso por la cinematografía de esta excelente y guapísima actriz francesa, una de mis preferidas de todos los tiempos, con el último filme que estrenó en las pantallas españolas durante el pasado otoño. Copie conforme (Copia certificada) es un drama matrimonial, en el que nunca sabemos qué es real y que es representado, en el cual una madura Binoche da un recital de intensidad dramática en la interpretación. Una demostración que tenemos actriz para rato, y que seguiremos disfrutando de su elegancia interpretativa, de su hermosura, y del buen cine que trae consigo. Que así sea.

Por las calles de una ciudad de la Toscana italiana, una mujer en los cuarenta, cuyo nombre no llegaremos a conocer, arrastra a su hijo preadolescente en su papel de madre que sufre otros conflictos íntimos que conoceremos durante el filme.

[Las chicas de la Ci-Fi] Ante todo la princesa más galáctica del cine mundial

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Cuando vi por primera vez La Guerra de las Galaxias, lo que acabaría siendo conocido como Star Wars IV: Una nueva esperanza, dos cosas tuve a mis 14 o 15 años. Que me había divertido mucho, y que aquel extraño ser que tan pronto parecía un monja ursulina, como un doble de la Dama de Elche, como que se liaba a tiros remangándose la sayas, aquel extraño ser… me parecía que estaba bastante buena. Con más año, mi consideración hubiese sido notablemente más atemperada. Pero en plena transición, tanto la democrática del país como la adolescente personal,… qué te voy a contar.

Aquel extraño ser era la princesa Leia Organa, encarnada por una adolescente que conservaba todavía las sutiles redondeces más propias de edades más jóvenes llamada Carrie Fisher. Hija que era de Debbie Reynolds, la chica que no sabemos muy bien que pintaba en la por muchos ensalzada, pero para mí trasnochada, Cantando bajo la lluvia.

La joven e indefensa princesa se encara con un Darth Vader de aspecto terrible; muchos jurábamos que las dos protuberancias que aparecen bajo el vestido no se sujetaban más que por si mismas... eso es lo que comentábamos en aquellas edades...

Tras una sesión de tortura en la Estrella de la Muerte, la chica estaba más fresca que una lechuga, esperando a que dos apuestos desconocidos y un felpudo con patas vinieran a rescatarla.

Al final del filme, esto es otra cosa; un poquito de maquillaje, algo de escote, un peinado que le deja la cara despejada... y dispuesta para repartir sonrisas y medallas.

Como la cosa de las aventuras galácticas les salió bastante bien, especialmente desde el punto de vista recaudatorio, nos empezaron a contar la milonga, nos la llevan contando casi 35 años, de que aquello era la primera parte de una trilogía de trilogías, de una gran epopeya galáctica de magnitud nunca vista. Y el caso es que a los tres de la primer, se estrenó esa absoluta maravilla del cine de acción y de las aventuras espaciales, y de las aventuras en general, que es El imperio contraataca. La mejor con ventaja de toda la serie, y un auténtico referente para las películas futuras de similar temática que en muy pocas ocasiones ha sido igualado por no decir superado.

Y aquí tenemos a nuestra princesa cada vez menos principesca, con el traje de faena remangado, y bregando por el triunfo de la maltrecha Alianza rebelde, bien sea en los helados confines de Hoth, en los peligrosos laberintos de los campos de asteorides galácticos, o en ciudades que cuelgan entre las nubes de Bespin. A pesar de que renuncia al glamour en pro de una imagen de heroína comprometida y luchadora, no escasean los escarceos románticos, que si bien tienen su principal protagonista en el pícaro Han Solo, también es cierto que habrá otros admiradores que se sientan atraídos por la dinámica princesa espacial.

Un morreo con un atónito Luke para mosquear a un impertinente Han, nos ofrece un incestuoso primer plano, con presencia alienígena al fondo.

El taimado Lando Calrrisian no podrá evitar el flirteo con la guapa princesa rebelde, durante su traidora bienvenida a Ciudad Nube.

Pero una vez desembarazada del uniforme de campaña, será Han Solo el que reciba las principales atenciones de una cada vez enamorada Leia.

Pero el momento cumbre de la carrera como actriz de la Fisher, y lo que la convirtió en un icono nerd por excelencia fue su captura como esclava por la babosa Jabba el Hut, y la sucesión de escenas en la que la vemos vestir el más afamado dos piezas metálico de la historia del séptimo arte. Biquini absolutamente poco recomendable para bañarte en la piscina de tu urbanización, ha sido llevado por multitud de actrices de carne y hueso y animación en homenajes y parodias de todo tipo y cariz. El retorno del Jedi es una película mediocre en realidad, que sólo tiene sentido dentro de la excelente trilogía de aventuras que nos ofreció George Lucas en aquel momento, y de la que forma parte.

A partir de ahí, todo fue cuesta abajo, empezando por el inexplicable disfraz de bruja que le clavaron durante su estancia en el poblado de esos horribles ositos de peluche que estropearon por completo la tercera parte de la trilogía, y cuyo nombre prefiero no mencionar.

¡Qué impresionante pareja hacían Jabba y la princesa! ¡Y lo que la cámara no mostró de cuando llegaba la noche!

En la escena de jugar a Tarzán y Chita, todo el público masculino prestaba detenida atención a un posible descoloque del artilugio metálico; me consta quien jugó mucho con la tecla de parar del mando del vídeo...

Como tanta lujuria desatada no podía ser, las últimas imágenes que tenemos de Leia Organa son 'esto'; supongo que se puso guapa para los ositos de peluche aquellos, ¿no?

Las películas de la franquicia Star Wars forman parte importante de la historia del cine. Sin embargo, sólo aquella primera trilogía y sus carismáticos personajes han permanecido realmente en el corazoncito de aquellos niños, adolescentes y jóvenes que disfrutamos del resurgir de los filmes de aventuras.

Desgraciadamente, Carrie Fisher no consiguió labrarse una carrera de éxito en el cine. Aunque ha aparecido en un cierto número de películas como personaje secundario, apenas consigo recordar como relativamente importante su papelito de reparto en Cuando Harry encontró a Sally. También escribió un libro y participó en el guion de una película basada en su tormentosa relación con su madre, Debbie Reynolds. No obstante, nunca olvidaremos a la radiante princesa de luminosa sonrisa que una vez nos sonrió al sonar la vibrante fanfarria final de La guerra de las galaxias.

Nunca estuvo tan guapa como al final de La guerra de las galaxias.

[Oscars 2011] Annette Bening, y la película que llegó con un año de retraso

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Recientemente dediqué una entrada de estas memorias a Natalie Portman, y lo hice por los méritos propios de la actriz. Pero también coincide que ha sido la ganadora del Oscar a la mejor actriz protagonista en la gala de los 83º premios de la Academia de Hollywood. He decidido que en los próximos días, empezando por hoy, dedicaré una entrada a cada una de las actrices candidatas a este premio. Y lo haré recordándolas por una de sus películas. Que no tiene porque ser la mejor, o la más conocida. Sino aquella que me parece digna de un comentario por el motivo que sea. Y voy a empezar por la que es mi favorita de las cinco. No la favorita para el premio, que no lo era en este caso. Pero sí mi favorita con carácter general.

Candidata al óscar en cuatro ocasiones, tres de ellas en la categoría de actriz principal y una de ellas en la de actriz de reparto, mi primer recuerdo cinematográfico de Annette Bening fue en Valmont, adaptación de la novela de Choderlos de Laclos, Les liaisons dangereuses, novela que narra utilizando el género epistola un duelo libertino entre dos miembros de la nobleza del siglo de las luces.

Annette Bening compone en Valmont una Marquesa de Merteuil que, aparte de su malignidad intrínseca, nos aparece alegre, vivaracha, muy seductora, con una sonrisa absolutamente irresistible.

Pero la película tuvo desde su estreno un tremendo hándicap. Un año antes se estrenó Las amistades peligrosas, dirigida por Stephen Frears, realizada con una producción realmente lujosa, y con un reparto en estado de gracia que se convertiría en un clásico del cine. Ya les llegará el día a sus actrices protagonistas en que aparecerán por estas páginas. De momento dejémoslas de lado. Premiada con varios óscars, y candadita a algunos más, planeo siempre como una negra sombra sobre el estreno de Valmont.

La picardía en los movimientos y en las actitudes que imprimió a su personaje Annette Bening contrastaban con la frialdad y distancia de la "otra" Marquesa de Merteuil.

En estas condiciones, la película dirigida por Milos Forman tuvo un recibimiento de crítica y público mucho más frío que el que se le dispensó a su predecesora. Y desde mi punto de vista, de forma totalmente inmerecida. En mi opinión, esta tercera versión de la novela de Choderlos de Laclos (hubo una primera versión francesa de los años 50, ambientada en una época contemporánea) tenía tanto méritos como su predecesora inmediata. Aunque queda a discreción de cada uno preferir uno u otro enfoque a la hora de narrar la historia, ya que las diferencias desde este punto de vista son notables.

La marquesa (Annette Bening) con Cecile de Volanges (Fairuza Balk), joven adolescente, que será descarriada por las maquinaciones de los dos protagonistas.

Pero centrémonos en el personaje y en la interpretación de la Bening. Su composición de la maquiavélica Marquesa de Merteuil es radicalmente distinta de la que pudimos ver un año antes. Con un físico más atractivo, una mujer más joven, más vivaz, con más chispa, más sensual que su predecesora, iluminaba la pantalla como lo ha seguido haciendo sistemáticamente en cuantas películas ha actuado.

Merteuil (Annette Bening) conversa en los jardines de Madame de Rosemonde con la que será su principal rival, a pesar de su candidez y puritanismo; Madame de Tourvel, interpretada por Meg Tilly.

Pero si en la historia de amores, libertinaje, traiciones y celos que constituyen las justamente denominadas ‘relaciones peligrosas’ es importante la marquesa, no lo son menos el resto de los personajes. Por supuesto, su oponente masculino, el Vizconde de Valmont, que da título a la película de Forman, y que es interpretado por el entonces prácticamente desconocido para el gran público Colin Firth. Curiosamente el último ganador del óscar a la mejor interpretación masculina protagonista. Quizá este es uno de los aspectos en los que peor compite la película con su predecesora, ya que el ‘otro’ Valmont, estuvo realmente en estado de gracia. El resto del reparto, fundamentalmente las oponentes femeninas de la marquesa, son actrices que no han alcanzado la fama y el reconocimiento de las que interpretaron sus personajes un año antes. Pero he de reconocer que tanto Meg Tilly como Fairuza Balk estaban plenamente convincentes en sus papeles.

Una de las escenas más conocidas de la historia, el encuentro entre Valmont y Merteuil, con esta última metida en su bañera.

Para finalizar, no me queda sino recordar que el tiempo ha dado a la protagonista de la película y de esta entrada de hoy el justo reconocimiento que siempre ha merecido, aunque no sea en forma de estatuilla del eunuco dorado, premio que se le resiste. Pero en las dos últimas décadas, Annette Bening ha sido una de las actrices más competentes y más atractivas, tanto físicamente como en el feeling que desprende del panorama cinematográfico mundial. Y a sus 52 años sigue en plena forma y dando guerra. Y que sea por muchos años.

Serie Oscars 2011


Natalie Portman

Nicole Kidman

Michelle Williams

Jennifer Lawrence

El ángel de los ángeles,… y Colombo

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Apenas recuerdo cuando vi por primera vez Der Himmel über Berlin. Sé que fue en un cineclub de algún colegio mayor de mi ciudad. Recuerdo con bastante claridad que mis acompañantes se aburrieron. No había acción en la película. Es una película difícil, en una época en la que la acción más o menos trepidante es la tónica de lo que es el cine, considerado por la mayor parte de nuestros conciudadanos como un entretenimiento para pasar una tarde del fin de semana, atiborrándose de palomitas de maiz. Pocos quedan que piensen en este medio como el Séptimo Arte. Y el problema es que la película de Wim Wenders, que afortunadamente en nuestro país se tradujo con el literal y adecuado título Cielo sobre Berlín (desconozco porqué se cayó del título el artículo determinado, aunque me parece pecata minuta comparado con el horrible título comercial en inglés Wings of desire)… como decía antes de la disgresión,… el problema es que este filme no está basado en la acción sino en la poesía. Es uno de los escasos ejemplos de cine poético que se pueden encontrar en las estanterías de los DVDs actualmente.

Marion se maquilla antes de salir a la pista del circo.

Y toda poesía tiene su musa, su inspiración, lo que mueve al poeta a escribir, y al héroe poético a amar o a sufrir. Y ante mis ojos, en aquella íncomoda sala de videoclub que va tomando forma en mi memoria estaba Marion, aquella rubia y coqueta trapecista francesa, en un pequeño y modesto circo del Berlín occidental, capaz de provocar el deseo de la mortalidad de la carne en ese angel gris, de aspecto melancólico, curioso de las sensaciones que no puede disfrutar o padecer, que compone el suizo Bruno Ganz. Y Marion, interpretada por la francesa Solveig Dommartin, representaba para el ángel y para mí mismo un ideal de belleza femenina a la vez idealizado, etéreo como las tradicionales heroínas poéticas, pero al mismo tiempo carnal y pegado al suelo, a la tierra que nos ha tocado vivir. Y aquí llegamos a lo que es el fin de estos artículos. Rendir homenaje a aquellas actrices que nos han hecho soñar. Y el personaje de Marion es uno de ellos. Porque somos muchos los que hubieramos dado lo que fuera, como las alas y la inmortalidad que pierde el ángel Damiel, por encontrar nuestro ángel terreno, el cielo en el suelo. El cielo no sobre Berlín o cualquiera que sea el lugar donde nos encontremos, sino el cielo en esa ciudad en la que nos gusta o no nos queda más remedio que vivir.

En lo alto del trapecio, Marion parece más angelical que los propios ángeles sobre el cielo de Berlín.

Der Himmel über Berlin es poesía. En algún momento, rayando en cierta cursilería pero sin caer en ella. Y con una segunda musa, con una segunda declaración de amor, probablemente más importante para el autor, que es la ciudad. Berlín. Pero no están estas páginas dedicadas a las ciudades.

También nos muestra humor junto a la melancolía o al amor. Y encontramos a un entrañable Peter Falk “Colombo”, interpretándose a sí mismo, como un entrañable ángel que también abandonó ese gris y aburrido cielo, por esta colorida y apasionante aunque dura y dolorosa en ocasiones, vida.

Hoy, investigando unas cosillas en IMDb.com, he ido a parar al artículo dedicado a Solveig Dommartin. La actriz falleció el pasado 11 de enero de 2007 a los 45 años. No la había vuelto a ver en la pantalla grande. Me he puesto triste.

In memoriam.

Marion, Willie, Elsa…

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Tuve un amigo que hacia el final de la carrera, allá por el final de los años 80, tenía dos simpáticas perritas. Desconozco su raza, no soy entendido en este tema; pero si recuerdo perfectamente sus nombres. Eran Marion y Willie. Mi amigo era un fan empedernido de las películas de Indiana Jones. Cuando en 1989, llegó la última (hasta ahora) de la saga, no lo dudó. Se agenció una nueva perrita, y la llamó Elsa.

Para quien no lo haya adivinado todavía, Marion, Willie y Elsa eran los nombres de los personajes femeninos que acompañaban a nuestro arqueólogo favorito en sus aventuras por todo el mundo.

Es un hecho absoluto. No hay aventurero cinematográfico que se precie que no se vea acompañado de una bella mujer en un momento u otro del filme, cuando no es en régimen de coprotagonismo, ayudándole en sus peripecias, cuando no aumentando sus quebrantos y peligros.

Las compañeras de los aventureros son una especie de lo más diversa. En general, podemos asegurar que son guapas, de bastante a muy guapas. En los modelos clásicos de aventureros, solían ser aristocráticas y elegantes. No hay más que recordar a Deborah Kerr como Princesa Flavia en la estupenda The Prisoner of Zenda. Con el tiempo, las chicas de los aventureros se volvieron más carnales y sexuales, siendo el prototipo las chicas-bond. Pero en algunas ocasiones también adquirieron más autonomía, capacidad de pensar por sí mismas, dejando de ser progresivamente los floreros de las películas de aventuras.

Indudablemente, en esta tendencia tenemos a Karen Allen como Marion en Raiders of the Lost Ark. Dura, descarada, mal hablada, resistente al alcohol, aunque no puede resistir a los encantos de Indiana, establece sus propias reglas y es capaz por sí misma de generar sus propios problemas… y los de Jones. Indudablemente, es mi favorita entre las chicas de la saga.

Marion, la más aguerrida de las compañeras de Indiana Jones.

Muy distinta era Kate Capshaw como Willie en Indiana Jones and the Temple of Doom. Una cabeza de chorlito que piensa fundamentalmente en su aspecto, en joyas, o en encontrar al marido ideal… es decir, rico. Pocas veces sirve de ayuda a nuestro héroe, tiene una notable tendencia a la histeria, y sus gritos son capaces de enervar al espectador más impasible. No me resulta tan simpática como la anterior, aunque es más vistosa. Eso sí, su entrada en el filme interpretando en chino mandarín el Anything Goes de Cole Porter en el Club Obi Wan de Shanghai es absolutamente inolvidable.

Willie haciendo lo suyo,... gritar.

Finalmente, el miembro más triste del trío. Alison Doody interpretó a la alemana Elsa en Indiana Jones and the Last Crusade. Lo malo es que es el único personaje femenino central de la saga que hace de “mala”; de fría y calculadora nazi, tras los descubrimientos arqueológico del Doctor Jones,… padre o hijo. Es una pena que la fría elegancia de la bella actriz irlandesa se vea “recompensada” por un final prematuro. Indudablemente la más bella de las compañeras de aventuras del intrépido profesor universitario. Esta actriz fue también en 1984 chica-bond en A View to Kill, interpretando a Jenny Flex (cómo me divierten los nombres de las chicas-bond). Asimismo, interpretó a la “chica” de otro aventurero, Allan Quatermain, en una enésima versión (no necesariamente la mejor) de King Solomon’s Mines. Parece que hay un patrón en la carrera de la actriz.

La guapa, fría y traicionera Elsa en los canales de Venecia.

Como veis, el segundo artículo de esta serie quizá no tiene el glamour del primero. Pero también es un ejemplo de que no sólo dedicaremos tiempo y espacio a las grandes de la pantalla. Todas las actrices tendrán su oportunidad,… siempre que nos hayan hecho soñar en la oscuridad de la sala de cine. Y sólo nos queda esperar para ver quién será la cuarta compañera de aventuras de Indiana… ¿Cate Blanchett? ¿Tal vez Karen Allen de nuevo?