Canal RSS

Archivo de la categoría: 1990

Cuatro actrices españolas en estado de gracia a principios de los 90

Publicado en

Corría el invierno de 1992, año de acontecimientos en España. En aquel momento, el cine español se encontraba en crisis, como siempre… pero de vez en cuando iba estrenando películas que ilusionaban y arrastraban a los espectadores al cine. Un grupo de directores tenía propuestas personales, distinguibles, y nos iban ofreciendo buenos filmes eventualmente. Y entre todos estos buenos filmes se alzó Belle epoque, una comedia luminosa sobre una España que tal vez existió pero que estaba condenada por la historia a desaparecer durante décadas. Una comedia cargada de nostalgia, con su puntos de drama y amargura puntualmente, que era un canto a la vida, a la libertad y al amor en el sentido amplio de la palabra.

Los protagonistas de aquella película fueron dos hombre. Pero para que aquello funcionase, para que llegase a ser la segunda película premiada por la academia de Hollywood de las realizadas en este país, y la primera que además había convencido a todos los que la vieron, fue necesaria la presencia de las cuatro mujeres, las cuatro actrices, sobre las que pivotaron las aventuras de los protagonistas. Recordémoslas ahora.

Miriam Díaz-Aroca

Fue Clara, la mayor de las cuatro hermanas. Viuda y necesitada de hombre. La menos vistosa, pero llegado el punto, tan atractiva como la que más.

Miriam Díaz-Aroca (a la derecha) y Maribel Verdú en una escena de la película.

La actriz procedía del mundo de la televisión, de presentar fundamentalmente programas infantiles. Tuvo unas cuantas apariciones en la pantalla grande, de las cuales esta película fue la más notable. Luego, básicamente volvió a actuar en series televisivas. Hace años que no soy consciente de que haya hecho algo interesante. Nunca estuvo tan atractiva como en aquel momento.

Ariadna Gil

La actriz catalana representa a Violeta, una chica muy independiente, con una sexualidad que pronto nos damos cuenta que no es que sea equívoca, sino que era poco ‘propia’ para la época. Siempre sentimos que es la que peor lo pasará en los complejos años que vinieron después. Aunque su inteligencia y decisión nos hacen pensar que supo capear el temporal.

En carnavales, disfrada de soldado, Ariadna Gil protagonizó un momento memorable bailando con un desconcertado desertor del ejército español.

Ariadna fue una actriz que llevaba ya unos años sorprendiendo por una mezcla de carácter, físico, elegancia y buen hacer interpretativo, aunque todavía no había saltado plenamente a la fama cuando interpretó el papel de Violeta. Siempre he considerado que es una actriz muy interesante, que ha mantenido los caracteres que he mencionado antes a lo largo de su carrera. Sin embargo, los títulos en los que ha participado han sido muy irregulares en calidad, siendo un reflejo de la irregularidad propia del cine español en los últimos tiempos. Un lástima. Esta chica podría, y puede, dar más de sí.

Maribel Verdú

Probablemente la más conocida del póker de actrices en aquel momento, interpretaba a Rocío, la tercera de las hijas, que tenía algo parecido a un novio, pero que a la vez era la más exhuberante físicamente, y con unas ganas locas de divertirse. De vivir la vida.

Maribel Verdú como Rocío, da largas a su presunto novio, mientras que la más joven de las hermanas, casi desconocida aguanta cansada a su lado.

También sufrió con el tiempo los altibajos del cine español, por lo que en su cinematografía encontramos momentos muy buenos, así como interpretaciones absolutamente infumables. No obstante, con el tiempo ha ido una madurez interpretativa notable, fue abandonando cierto carácter de sex-symbol nacional (no hay más que recordar la rotura de marquesinas para robar los carteles de una campaña de publicidad que protagonizó para una firma de lencería), y nos ha sorprendido con papeles que han sido auténticas maravillas. Creo que de las cuatro es la más capaz en estos momentos de ofrecer excelentes interpretaciones dramáticas.

Penelopé Cruz

La más joven de las cuatro actrices, con menos de 20 años de edad, conocida apenas por un largometraje, interpretó a la ingenua Luz, la hermana menor que desde el principio es la única que siente auténtico enamoramiento por el recluta desertor que se refugia en casa de su padre.

La joven Luz, junto a Clara, su hermana mayor, reivindica también su derecho a enamorarse... y a darse algún revolcón que otro...

Es bien conocido que en estos momentos es la actriz más internacional del cine español. De hecho, podríamos decir que ha renunciado al cine patrio, para trabajar casi exclusivamente en los Estados Unidos, donde ha alcanzado cierta fama, e incluso ha llegado a recibir un premio de la academia de Hollywood. Paradójicamente, en mi opinion ha hecho pocos méritos interpretativos para tal carrera. Siempre me ha parecido una actriz floja, aunque capaz de algún momento bueno cuando la coge por banda algún director competente. Pero ha sabido subirse al carro de la promoción mediática, y le ha cundido. Mejor para ella.

Podríamos resumir que la ‘oscarizada’ película de Fernando Trueba, marcó un auténtico hito en el cine español. No es que sea la mejor de las películas, o de las comedias, de nuestra cinematografía. Pero marcó una especie de mayoría de edad tras los tiempos de la transición. Sin embargo, siempre me ha quedado la sensación de que aunque en los años inmediatos sucesivos hubo nuevas muestras de buen hacer en el cine nacional, poco a poco aquel impulso se vino abajo. Y hoy en día no estamos en la mejor de las situaciones. Tampoco el director consiguió después volver a tener un éxito similar aunque lo intentó.

Pero siempre nos queda el recuerdo de las cuatro hijas de aquel viejo cascarrabias, en una especie de discontinuidad espacio-temporal de la turbulenta España de los años 30, bajando sonrientes, hermosas, radiantes del tren que las trae de la ciudad, y todos nos sentimos como el joven recluta desertor, incapaz de abandonar aquel paraíso femenino por un mundo más oscuro y menos halagüeño en aquel momento histórico.

Las cuatro actrices, las cuatro hermanas, con el "recluta desertor" Jorge Sanz, a quien roban el corazón, a cambio de un poco cama y alegría.

[Las chicas de la Ci-Fi] Uma, una perfecta y gélida rubia para un gélido e imperfecto mundo de gentes perfectas

Publicado en

Probablemente, Uma Thurman merezca una o varias entradas en estas páginas, dependiendo de cómo analice la cuestión en su momento. Pero recientemente volví a ver una película que siempre me ha parecido infravalorada, aunque parece que hay un cierto movimiento entre el respetable para reivindicarla. Se trata de GATTACA, perteneciente al género de ciencia ficción, subgénero distopías. Una película que ya tiene 14 años en el momento que escribo esta entrada y que está envejeciendo espléndidamente.

Uma representa a Irene, rubia, guapa, eficiente, disciplinada, la perfecta mujer para la perfecta sociedad distópica.

La sociedad de GATTACA es una sociedad de seres humanos perfectos, seleccionados genéticamente en el momento de la concepción, sin dejar nada al azar, eso les permite alcanzar altas cuotas de desarrollo personal, en todos los aspectos de la vida. Aunque también otorga a la sociedad una aterradora monotonía, una desasosegante uniformidad en la belleza del entorno y de sus componentes.

Irene se siente atraída por Jerome Morrow (Ethan Hawke); aunque este es en realidad Vincent Freeman (no es casualidad el apellido, supongo), un hombre nacido sin selección genética previa. Destinado, estadísticamente a morir joven, sólo puede ascender socialmente mediante el engaño. Poco a poco, descubrimos que Irene, en contacto con Vincent, va destapando sus aspiraciones individuales repremidas

En la sociedad de GATTACA, nombre que no significa nada, que simplemente es una secuencia de bases nitrogenadas, componentes de los ácidos nucleicos que son los ladrillos de nuestro ADN, las relaciones interpersonales existen, se dan, pero semejan la misma frialdad que preside toda la sociedad. No hay proyectos interpersonales aparentes; una cierta atracción, sexo, quién sabe si algo más.

Dejando de lado la convencionalidad del aspecto personal en la vida cotidiana y laboral, Irene se muestra en todo su esplendor conforme llegan las citas con el falso Jerome.

Conforme la fría Irene que representa Uma vaya descubriendo el amor de un hombre imperfecto, irá tomando conciencia de su propia individualidad, de sus propias aspiraciones, aunque no tenga la fuerza interior ni la voluntad para buscar un camino para llevarlas a cabo.

Poco a poco, conocera Irene las debilidades de Vincent; un corazón destinado a pararse en la juventud, unos ojos que carecen de nitidez para ver el mundo que le rodea sin ayuda de potentes lentillas,... y una fuerza de voluntad y determinación a prueba de la más perfecta de las distopías.

Poco a poco, conforme adquiera conocimiento de la verdad sobre la dualidad Jerome/Vincent, llegará a una aceptación de la persona. Y sublimará su propia insatisfacción ayudando al joven entusiasta en su proyecto de llegar al espacio exterior. El individuo triunfará esta vez, aunque tal vez pírricamente, sobre la sociedad distópica.

Recomendable, muy recomendable. Tanto la película, como la interpretación de la rubia y guapa actriz.

Juliette, el chic de lo francés

Publicado en

Hace un par de días estaba cenando con unos amigos, cuando surgió a conversación el fallecimiento de Elizabeth Taylor. Y de ahí derivó la conversación a hablar sobre actrices guapas, realmente guapas. Con una sensación. Que hoy en día hay muchas actrices a las que se les puede llamar guapas, pero ninguna te deja la impresión de las de antaño. No sabíamos definir muy bien porqué. O hasta que punto era una sensación subjetiva, etérea y difícil de definir. En un momento dado, alguien comentó algo así como… “bueno, están las francesas; las actrices francesas siempre son muy guapas”.

Creo que podría dedicar una entrada monográfica a las actrices francesas. Por lo menos de una determinada época. O incluso hacer una serie. Pero de momento me contentaré con hablar de aquella que más nos ha gustado siempre. Que más capacidad ha tenido para enamorarnos. Con quien más hemos sentido en la pantalla del cine. Aunque objetivamente se pudiera decir que hay otras más guapas. Que todo es cuestión de gustos. Me refiero a Juliette Binoche.

Tereza, una joven enamorada checa utiliza una cámara de fotos para inmortalizar los acontecimientos del a primavera del 68, y otros relacionados con su vida sentimental, en La insoportable levedad del ser.

Mis primeros recuerdos de la actriz son del estreno en España de la adaptación de la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser. Una película sobre la que no hay unanimidad en su apreciación, pero que a mí siempre me ha gustado. Especialmente porque nos dio a descubrir a un trío protagonista muy interesante. De Lena Olin tal vez hable más adelante. Porque siempre me ha parecido también una mujer y una actriz muy interesante, que ha coincidido con Binoche en más de una ocasión.

Pero si ya en aquella película nos abrumó el aspecto frágil de aquella bella joven de veintipocos años, creo que su película de juventud que acabó de definirla y convertirla en un icono de una forma de ser y actuar en el cine europeo fue Les amants du Pont-Neuf (Los amantes del Puente Nuevo). El retrato de la joven pintora sin techo que se refugia en las obras de rehabilitación del más viejo puente de París, a pesar de su nombre, maltratada por el amor y por la naturaleza, y que acabará viviendo una bella historia de amor con otro vagabundo de las calles parisinas es uno de los papeles más destacados del cine de la época.

La joven Michelle llega a un acuerdo de convivencia con el gruñón de Hans para compartir los espacios del Pont-Neuf, sobre el Sena.

Poco a poco, llegó la fama internacional y las oportunidades de campanillas para la radiante y natural belleza de esta actriz nacida en la capital gala en 1964. Y probablemente fue su interpretación en la primera parte de la trilogía de los colores de Kieslowski, Trois couleurs: Bleu (Tres colores: Azul), la que la lanzó definitivamente al estrellato. No es mi película favorita de la trilogía, pero hay una cierta unanimidad en la crítica sobre las cualidades tanto del filme como de la interpretación.

No mucho después llegó el reconocimiento internacional, cuando recogió su óscar a la mejor interpretación femenina de reparto por su papel de Hana en The English Patient (El paciente inglés). Su composición de la joven enfermera canadiense durante la invasión aliada de Italia, que queda al cuidado del quemado y atormentado “paciente inglés” consiguió algunas de las escenas más emotivas del cine que he visto en la gran pantalla, haciendo de esta película, con la colaboración necesaria del resto del elenco, una de mis favoritas de toda la historia del cine.

La atormentada viuda del compositor que representa en Tres colores: Azul enamoró a muchos espectadores.

Hana, con su uniforme de campaña de las fuerzas auxiliares de sanidad canadienses en Italia, se refugia ante uno de las estresantes situaciones que le harán replantearse que hace ella en esta guerra.

Obviamente no voy a repasar todas las películas que he visto de la actriz, sólo aquellas que más significativas me parecen. Por lo tanto, daré ahora un salto para encontrarla convertida en una especie de “bruja buena” que con su hija es llevada por el viento hasta un conservador pueblo de la campiña francesa, donde embrujará a todos no con sortilegios ni cosas de estas, sino con su encanto natural y sus dulces de chocolate. Por estamos hablando de Chocolat, una película adaptación de la novela del mismo título de Joanne Harris, una película que aunque no alcance el nivel de las anteriores es una delicia de ver, y que nos muestra a una Juliette Binoche que progresivamente va aceptando su entrada en papeles de mujer más madura. Tranquilamente. Sin grandes alharacas.

Esta película reivindica notablemente la figura femenina, y cuenta con otras excelentes actrices en su reparto, de las cuales en algún momento iré hablando. Nuevamente colabora con Lena Olin.

La itinerante madre Vianne Rocher abre su chocolatería en el ficticio Lansquenet-sur-Tannes, en algún lugar del centro de Francia, alterando la tranquila y ordenada vida de sus conservadores habitantes.

Cerraré mi repaso por la cinematografía de esta excelente y guapísima actriz francesa, una de mis preferidas de todos los tiempos, con el último filme que estrenó en las pantallas españolas durante el pasado otoño. Copie conforme (Copia certificada) es un drama matrimonial, en el que nunca sabemos qué es real y que es representado, en el cual una madura Binoche da un recital de intensidad dramática en la interpretación. Una demostración que tenemos actriz para rato, y que seguiremos disfrutando de su elegancia interpretativa, de su hermosura, y del buen cine que trae consigo. Que así sea.

Por las calles de una ciudad de la Toscana italiana, una mujer en los cuarenta, cuyo nombre no llegaremos a conocer, arrastra a su hijo preadolescente en su papel de madre que sufre otros conflictos íntimos que conoceremos durante el filme.

[Oscars 2011] Nicole Kidman, rodando en una nave, sin decorados, ni… nada…

Publicado en

Sigo con la tercera entrega de la serie dedicada a las actrices que han sido candidatas a los óscars que se entregaron hace unos días. Si en la primera entrega dábamos un repaso a la trayectoria de la ganadora, desde sus primeros papeles como preadolescente hasta su triunfo actual, en la segunda nos centrábamos en una película característica, aunque algo maldita, de la candidata. Para la protagonista de hoy, seguiré un esquema similar a esta última. Pero en lugar de una película característica, hablaré de su participación en una película sumamente poco característica. Ni de la actriz, que es Nicole Kidman, ni de casi nadie. Hablaremos de Dogville, del danés Lars von Trier.

En el momento de interpretar el papel protagonista de Dogville, encontramos a una Nicole con su belleza natural, todavía poco retocada; o por lo menos eso aparenta.

En cuanto a la sinopsis de la película, tras escuchar un tiroteo, Tom (Paul Bettany), hijo del médico de Dogville, una población rural de las montañas de algún lugar de Estados Unidos, se encuentra con Grace (Nicole Kidman) que le solicita hospitalidad en el pueblo. La comunidad del pueblo es muy cerrada pero aceptan a Grace durante un periodo de prueba. A cambio, para mostrar que es persona de buena voluntad, le piden que les ayude con pequeñas tareas domésticas, lo cual hace gustosamente, siendo aceptada finalmente por la comunidad.

La película se rodó en una nave industrial, con un escenario reducido a su mínima expresión, con una población esquemática.

Sin embargo, las cosas cambian para Grace el día en que llega una orden de búsqueda de la policía sobre ella. Los vecinos de Dogville, que se han acostumbrado a la comodidad de tenerla para que haga las tareas que ellos consideran molestas, deciden no entregarla. Pero a cambio, cada vez le exigen más y durante más tiempo, lo cual la va sumiendo en una situación de servidumbre.

Con el tiempo, incluso se verá asaltada sexualmente. Primero violada y luego prostituida contra su voluntad por los hombres del pueblo. Se ve atada y confinada. Se ha convertido en una esclava. Finalmente, aparecen unos gángsteres en el pueblo. Grace es la hija del jefe, que buscaba huir de esa vida. Abandonará la población, pero previamente, los gángsteres acabarán con la vida de todos los habitantes y la borrarán del mapa.

Grace (Nicole Kidman) se enamora, o cree hacerlo, del hipócrita Tom (Paul Bettany).

Producida con un reparto de ilustres secundarios pero con unos medios sumamente austeros, ya que se rodó en una nave, con unos mínimos y esquemáticos decorados, Von Trier comenzaba de este modo una trilogía de película de las que lleva dos, y que buscan la crítica de los aspectos más hipócritas de la sociedad americana. La desconfianza hacia el extraño, la esclavitud, la violación de los derechos individuales de las minorías, son algunos de los temas que se tratan en este peculiar e interesante filme, que recomiendo vivamente.

Los abusos de los ciudadanos de Dogville hacia Grace (Nicole Kidman) llegan hasta la violación y la esclavitud sexual.

Kidman, participando en este tipo de películas trató de dar una patina de prestigio a su carrera como intérprete. Sin embargo ha sido muy irregular en los últimos años, con una mala selección de papeles. Y ha sido más noticia por sus apaños estéticos, su miedo a envejecer, que por desarrollar sus capacidades como actriz. De alguna forma, es una de las actrices para quienes ganar un óscar, ella lo hizo por Las horas en 2002, es como una maldición. Este año ha vuelto a ser considerada por su trabajo en Rabbit Hole, película que todavía no se ha estrenado en España. Por su bien, y el de los aficionados al cine, esperemos que vuelva a ser la interesante actriz que fue en otros tiempos. A pesar de su especial belleza nunca ha sido una de mis favoritas, pero reconozco que ha tenido sus momentos. Eso sí.

Serie Oscars 2011


Natalie Portman

Annette Bening

Michelle Williams

Jennifer Lawrence

[Oscars 2011] Annette Bening, y la película que llegó con un año de retraso

Publicado en

Recientemente dediqué una entrada de estas memorias a Natalie Portman, y lo hice por los méritos propios de la actriz. Pero también coincide que ha sido la ganadora del Oscar a la mejor actriz protagonista en la gala de los 83º premios de la Academia de Hollywood. He decidido que en los próximos días, empezando por hoy, dedicaré una entrada a cada una de las actrices candidatas a este premio. Y lo haré recordándolas por una de sus películas. Que no tiene porque ser la mejor, o la más conocida. Sino aquella que me parece digna de un comentario por el motivo que sea. Y voy a empezar por la que es mi favorita de las cinco. No la favorita para el premio, que no lo era en este caso. Pero sí mi favorita con carácter general.

Candidata al óscar en cuatro ocasiones, tres de ellas en la categoría de actriz principal y una de ellas en la de actriz de reparto, mi primer recuerdo cinematográfico de Annette Bening fue en Valmont, adaptación de la novela de Choderlos de Laclos, Les liaisons dangereuses, novela que narra utilizando el género epistola un duelo libertino entre dos miembros de la nobleza del siglo de las luces.

Annette Bening compone en Valmont una Marquesa de Merteuil que, aparte de su malignidad intrínseca, nos aparece alegre, vivaracha, muy seductora, con una sonrisa absolutamente irresistible.

Pero la película tuvo desde su estreno un tremendo hándicap. Un año antes se estrenó Las amistades peligrosas, dirigida por Stephen Frears, realizada con una producción realmente lujosa, y con un reparto en estado de gracia que se convertiría en un clásico del cine. Ya les llegará el día a sus actrices protagonistas en que aparecerán por estas páginas. De momento dejémoslas de lado. Premiada con varios óscars, y candadita a algunos más, planeo siempre como una negra sombra sobre el estreno de Valmont.

La picardía en los movimientos y en las actitudes que imprimió a su personaje Annette Bening contrastaban con la frialdad y distancia de la "otra" Marquesa de Merteuil.

En estas condiciones, la película dirigida por Milos Forman tuvo un recibimiento de crítica y público mucho más frío que el que se le dispensó a su predecesora. Y desde mi punto de vista, de forma totalmente inmerecida. En mi opinión, esta tercera versión de la novela de Choderlos de Laclos (hubo una primera versión francesa de los años 50, ambientada en una época contemporánea) tenía tanto méritos como su predecesora inmediata. Aunque queda a discreción de cada uno preferir uno u otro enfoque a la hora de narrar la historia, ya que las diferencias desde este punto de vista son notables.

La marquesa (Annette Bening) con Cecile de Volanges (Fairuza Balk), joven adolescente, que será descarriada por las maquinaciones de los dos protagonistas.

Pero centrémonos en el personaje y en la interpretación de la Bening. Su composición de la maquiavélica Marquesa de Merteuil es radicalmente distinta de la que pudimos ver un año antes. Con un físico más atractivo, una mujer más joven, más vivaz, con más chispa, más sensual que su predecesora, iluminaba la pantalla como lo ha seguido haciendo sistemáticamente en cuantas películas ha actuado.

Merteuil (Annette Bening) conversa en los jardines de Madame de Rosemonde con la que será su principal rival, a pesar de su candidez y puritanismo; Madame de Tourvel, interpretada por Meg Tilly.

Pero si en la historia de amores, libertinaje, traiciones y celos que constituyen las justamente denominadas ‘relaciones peligrosas’ es importante la marquesa, no lo son menos el resto de los personajes. Por supuesto, su oponente masculino, el Vizconde de Valmont, que da título a la película de Forman, y que es interpretado por el entonces prácticamente desconocido para el gran público Colin Firth. Curiosamente el último ganador del óscar a la mejor interpretación masculina protagonista. Quizá este es uno de los aspectos en los que peor compite la película con su predecesora, ya que el ‘otro’ Valmont, estuvo realmente en estado de gracia. El resto del reparto, fundamentalmente las oponentes femeninas de la marquesa, son actrices que no han alcanzado la fama y el reconocimiento de las que interpretaron sus personajes un año antes. Pero he de reconocer que tanto Meg Tilly como Fairuza Balk estaban plenamente convincentes en sus papeles.

Una de las escenas más conocidas de la historia, el encuentro entre Valmont y Merteuil, con esta última metida en su bañera.

Para finalizar, no me queda sino recordar que el tiempo ha dado a la protagonista de la película y de esta entrada de hoy el justo reconocimiento que siempre ha merecido, aunque no sea en forma de estatuilla del eunuco dorado, premio que se le resiste. Pero en las dos últimas décadas, Annette Bening ha sido una de las actrices más competentes y más atractivas, tanto físicamente como en el feeling que desprende del panorama cinematográfico mundial. Y a sus 52 años sigue en plena forma y dando guerra. Y que sea por muchos años.

Serie Oscars 2011


Natalie Portman

Nicole Kidman

Michelle Williams

Jennifer Lawrence

De niña a mujer (II): susurrando a los caballos, a los cincuentones, a los pintores,…

Publicado en

Si el primer recuerdo que tengo de la primera actriz de esta serie fue cuando tenía 13 años, aproximadamente los mismos tenía Scarlett Johansson cuando la vi por primera vez en la pantalla grande, acompañando a Kristin Scott Thomas y Robert Redford en El hombre que susurraba a los caballos, dirigida por este último. Un drama no del todo acertado en el que interpretaba a una niña preadolescente, que sufre un accidente montando a caballo, que le supone perder la pierna, la autoestima, y casi, el caballo. Pero la joven Scarlett tenía una cierta experiencia ya ante las cámaras cuando rodó esta película. Anuncios publicitarios y algunas series de televisión figuraban ya en su joven currículo.

La joven Scarlett con Robert Redford, luchando por recuperar a su caballo.

La niña, ya convertida en adolescente, fue haciendo en películas que no pasarán a la historia del cine, o en papeles muy limitados. No tuvo la suerte o no supo seleccionar papeles más selectos como la joven Natalie. Hasta que una de las directoras punteras del cine independiente la escogió para protagonizar una pequeña joya sobre la soledad y la complejidad de las relaciones humanas, Lost in Translation. Junto con su interpretación en La joven de la perla, rodada el mismo año, pero estrenada algo después, supuso el descubrimiento que al parecer de muchos reunía tres cualidades notables: talento, juventud y belleza.

 

Perdida en la traducción y en Tokio, bajo la lluvia, nunca estuvo más interesante; desde todos los puntos de vista.

Fue una explosión mediática, y empezó a inundar las revistas, tanto las de entretenimiento como las destinadas al público masculino, siendo designada por estas últimas en diversas ocasiones como una de las mujeres más deseadas del planeta. Sin embargo, su carrera cinematográfica empezó a ser irregular. En el lado de lo positivo, papeles dignos en Una canción del pasado, o en las dos películas que le ofreció Woody Allen. Estuvo especialmente bien en su papel dramático en Match Point, donde explotaba tanto sus capacidades interpretativas como su voluptuosidad física.

Woody Allen le dio la oportunidad en Match Point de que se había hecho adulta, capaz de mostrar pasión y drama; y qué guapa estaba la condenada.

En el lado negativo, su aparición en mediocres comedias románticas, en malas películas de ciencia ficción, en una desafortunada tercera colaboración con Woody por tierras catalanas,… Incluso compartió protagonismo en un drama de época con Natalie Portman interpretando a la menos conocida de las hermanas Bolena,… Pero la película resultó francamente floja y no aportó gran cosa a su carrera.

En los últimos tiempos, siente preferencia por los superhéroes de tebeo; la ropa ajustada le queda bien, y los emolumentos serán sustanciosos... supongo.

Si el comienzo de estas dos actrices a las que hemos esta mini serie de entradas fue muy similar, soy de la opinión que el rumbo de ambas carreras ha ido divergiendo. Y mientras la jerosolimitana ha alcanzado el cénit momentáneo de su carrera con su premio de la Academia de Hollywood, está todavía por ver si la rubia de ascendencia danesa es capaz de encarrilar de nuevo su rumbo y ofrecernos buenas interpretaciones. Porque lo de estar buena, tarde o temprano, se le acabará. Y si te he visto, no me acuerdo. Todo es cuestión de tiempo. Claro, que todavía es joven, y los fotógrafos y las marcas de moda se la rifan. Actuar, últimamente no actúa gran cosa en cuanto a calidad, pero vender, vende un montón.

A mí me gustaría mucho que volviera la chica sencilla que se perdió en Tokio.

Pero a muchos nos gustaría que volviese la chica de Tokio,... o en lo que se convirtiese cuando se fuese haciendo mayor.

[Oscars 2011] De niña a mujer (I): todo empezó con un asesino que se llamaba León

Publicado en

Tres años hace que no actualizo este blog. Vergonzoso. Pero he decidido darle una nueva oportunidad. O mejor dicho, dar a nuestras actrices favoritas la oportunidad de que se sigan asomando por estas páginas. Y conocerlas un poco más. Y mejor. Y así, seguir adorándolas. U odiándolas. Que de todo tiene que haber. Ya vale de cháchara.

La excusa es perfecta. Los mediáticos y muy comerciales premios de la Academia, los óscars, me dan la elección hecha. Pero también me sugieren una serie de entradas. Las de aquellas actrices que conocimos de niñas y que acabaron convirtiéndose en mujeres con una destacable capacidad interpretativa. E incluso con mucho glamour. Empezaremos por lo tanto, con la recientemente ganadora de un premio de la Academia, Natalie Portman.

La conocimos de niña. Con sólo 13 años. Pero aparentaba menos. Sigue aparentando menos. Ya se sabe. Lo que dice el refrán castizo. El borrico pequeñico parece siempre jovencico. Nacida en Jerusalén con el nombre de Natalie Hershlag, pero la podemos considerar como una chica de la costa este de los Estados Unidos. En aquella primera película, León, nos impresionaba con su mezcla de fragilidad y fortaleza, en medio de la violencia y la dureza del mundo en el que le tocaba vivir. Impresionante comienzo para una carrera cinematográfica.

Portman y Jean Reno en León, el profesional

Pero cuando alimentó nuestras esperanzas fue en la estupenda Beautiful Girls. Aquella lolita a su pesar, que atraía al treintañero en crisis, que nos alucinaba en sus escenas del balcón de una versión disléxica de Romeo y Julieta, como su personaje decía. Aquella mente adulta en un cuerpo diminuto, rodeada de adultos de grandes corpachones y mentes infantiles. De aquella película sólo hay una cosa que nos defraudó. Y que no le hemos acabado de perdonar. Nos prometió que a los 18 años mediría 1,80 y estaría muy buena.

Con Timothy Hutton, a quien llevaba a maltraer, en Beautiful Girls

La chica no está mal. Pero se nos ha quedado más chiquita. Lo que bien le ha valido para seguir cultivando una imagen a caballo entre la adolescencia y la edad adulta, que le ha acompañado hasta nuestros días. Hija pija de familia bien en Todos dicen I Love You, princesa adolescente en las mediocres precuelas de Star Wars, el breve y dramático papelito en Cold Mountain como esposa de soldado y madre que las pasa canutas, y otras en las que se desenvuelve con razonable soltura y competencia.

Y llega su primer papel de cierto nivel con aquella bailarina de striptease que nos encandiló en Closer y que le supuso su primera candidatura a los óscar. Nos encandilo como actriz, digo, pero también nos empezó a enamorar como mujer, a la que veíamos joven, sí, pero ya no niña. Poco tiempo después, un dramático papel en V de Vendetta, película que no me acaba de parecer redonda pero sí interesante, incluido el papel de nuestra actriz de hoy.

En Closer, la niña se nos había convertido en una mujer madura y sensual.

Después se sucenden una serie de películas unas mejores y otras peores, entre las que me quedo con su breve pero intenso papel en My Blueberry Nights, para llegar a la película que la ha lanzado al estrellato definitivo con esa bailarina mentalmente perjudicada, que no se sabe cisne blanco o negro, y que le ha supuesto su segunda candidatura a los óscars, con premio incluido en la categoría de actriz protagonista.

Ya no es una niña. Tiene casi 30 años. Aunque juega a favor de su físico para interpretar papeles de chicas más jóvenes, una constante en su carrera. Algo de lo que se tendrá que deshacer, porque otras han pasado primero por ahí que no supieron evolucionar. Mencionaría ahora a su compañera de reparto en Cisne negro, Winona Ryder. De quien debería hablar en algún momento. Pero no ahora.

Caracterizada como el cisne negro en la película que le ha valido el óscar.

Para Portman se va pasando la época de actriz glamourosa, que tampoco ha sido. Y toca la de afianzarse con lo que parece que se le da mejor. La de actriz dramática de nivel. Pero muchas han sido las actrices que han sufrido la maldición del los óscars, y después han desbarrado notablemente en su carrera. Esperemos que no le pase. Por su bien. Y el de todos nosotros. De verdad.

Serie Oscars 2011


Annette Bening

Nicole Kidman

Michelle Williams

Jennifer Lawrence