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El glamour (o ausencia de…) de la Europa Central: corre, Franka, corre

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A uno le da la impresión de que para que una actriz adquiera el glamour que asociamos a nuestras estrella favoritas, rodeadas de ese halo de inmortalidad que percibimos de las “diosas” del cine clásico, ha de proceder de unas muy concretas y determinadas nacionalidades. Mejor dicho, debe proceder de Hollywood, no importa cual sea su nacionalidad de origen. En algunas ocasiones las francesitas “chic” o las “sensuales” italianas han alcanzado con esfuerzo algo de ese glamour; pero lo normal es que se queden con los epítetos estereotípicos, “chic” o “sensual”.

¿Qué podremos decir de las actrices de otras nacionalidades? Por ejemplo, las de origen germánico, con sus duros e incomprensibles idiomas, que se acompañan a su vez de doblajes de peor calidad que sus homólogas británicas. Es cierto que algunas suecas como la Garbo o la Bergman, o alemanas como la Dietrich han alcanzado la gloria del glamour… Pero siempre tras pasar por los estudios de la Meca del cine californiano.

Sin embargo, hay vida femenina y muy inteligente en la interpretación cinematográfica de este lado del océano, con capacidad para atraer las miradas o los deseos del cinéfilo, desde cualquier punto de vista. Para mí, fue una sorpresa un película dirigida por Tom Tykwer en 1998, que se titulaba Lola Rennt (Corre, Lola, corre), y que estaba protagonizada por una absoluta desconocida fuera de su país con el sugerente nombre de Franka Potente.

La historia se centra en una joven berlinesa que debe conseguir 100.000 marcos de la época para evitar que unos mafiosos acaben con su novio que está metido en turbios asuntos. A partir de este planteamiento, se nos presenta una historia de realidades alternativas, ofreciéndonos el autor tres posibles desarrollos de la historia con distintos finales, más o menos tristes, más o menos felices. Se reflexiona también sobre el efecto que pequeños actos, de apariencia intrascendente en el presente, puedan tener sobre el futuro de las personas. Un película relativamente original y bien desarrollada.

Franka Potente, como Lola, corre frenéticamente por las calles de Berlín.

Pero lo que más destaca en la película es la presencia de su protagonista. La joven Lola, interpretada por Franka Potente, tiene 20 minutos para recorrer Berlín y conseguir ese dinero. Ahí tenemos a la cámara siguiendo el trabajo tremendamente físico de la actriz, corriendo en la mayor parte de sus escenas. La actriz no es una belleza. Pero es indudablemente atractiva. Tiene una presencia carnal; pero no esa carnalidad sofisticada de las películas habituales, sino una carnalidad sudorosa, cotidiana. El teñido y rojizo pelo enmarca un rostro, que muestra un carácter que oscila entre el romanticismo, la desesperación, la frialdad e incluso la crueldad si llega el caso. El color y la iluminación es importante en este filme. Resumiendo, la película no sería nada sin la interpretación de su protagonista. Sin la presencia de Lola.

No he tenido la ocasión de ver en muchas más ocasiones a esta actriz. Quizá una de las películas más recordadas y difundidas de ella es The Bourne Identity (El caso Bourne), donde acompaña a Matt Damon en sus amnésicas aventuras. Su presencia física sigue sorprendiéndome y gustándome, pero su papel no deja de ser más que el papel de florero típico de las películas de espías. Más interesante resulta su papel en Elementarteilchen (Las partículas elementales), en la que interpreta a una joven profundamente dañada en su interior y que vive un triste historia de amor con uno de los hermanos protagonistas.

Así de guapa lucía la alemana en una de las películas de la trilogía dedicada a Bourne.

En cualquier caso, nos encontramos con una actriz que no suele asociarse al glamour que habitualmente esperamos en las mujeres que nos hacen soñar desde la gran pantalla. Desde la fría Europa Central nos llegan unas formas más directas, pero que no carecen en absoluto de atractivo. Sin duda, unas cinematografías a las que habría que prestar una cierta atención. Quizá un poco más adelante ponga otro ejemplo.

Un personaje más discreto nos ofrecía en Las partículas elementales.