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Los amores de una mujer y un fantasma que no fueron una horterada de los 90

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Se hizo especialmente famosa a principios de los años 90 una película sobre los amoríos de una chica, la mar de mona entonces, y un fantasma. No mencionaré a la protagonista, porque con posterioridad me ha caído particularmente mal. No todas las actrices van a tener derecho a aparecer por aquí. Porque a mí no me apetece. El caso es que aquella película me pareció siempre un pastelón, con exceso de sacarosa, y por lo tanto difícil de digerir. Pero sí recuerdo que por aquel entonces, en algún programa de televisión, supongo que oportunistamente programaron El fantasma y la señora Muir (The Ghost and Mrs. Muir), filme de 1947 que me encantó. Y que luego he visto varias veces más, y me sigue pareciendo una de las película más románticas y bonitas que he visto. En su sencillez. Y en su planteamiento. Y en lo triste que es a pesar del tono general de los diálogos de la película.

Y ante todo, está la señora Muir. Por su puesto también el fantasma (Rex Harrison). Pero ante todo, Mrs. Muir interpretada por una de las actrices más guapas y elegantes que recuerdo, a pesar de que hoy en día ese recuerdo se ha perdido para la mayor parte de la población. Se trata de Gene Tierney, a quien quiero recordar hoy a través de esta película que tanto me gusta.

La primera imagen no pertenece a la película que nos ocupa, pero deja claro la elegancia y lo guapa que era Gene Tierney.

La historia es aparentemente sencilla. Una viuda se instala en una casita de campo cerca de la costa, con el fin de llevar una vida tranquila, sin excesivos costes. Está acompañada de una criada, y de su hija, todavía niña, una Natalie Wood de quien también me gustaría hablar en alguna que otra ocasión. Lo que no sabe la joven viuda de principios del siglo XX es que la casita está encantada, y ya tiene un habitante.

Lucy Muir se instala en su nueva casa bajo la atenta mirada del retrato de un viejo marino, ya muerto, pero con más vida de lo que parece.

Una jovencísima Natalie Wood interpreta los años de infancia de Anna Muir, la hija de Lucy.

Pronto se conocerán el fantasma del viejo marino y la joven viuda. Y llegarán a un pacto por el cual el fantasma no molestará al resto de los habitantes de la casa. También sucederá que, ante las estrecheces económicas de la familia, el viejo fantasma dictará sus memorias a Lucy Muir para conseguir unos ingresos que le son muy necesarios. No detallaré todos los elementos de la trama. Pero si que mencionaré lo fundamental. El fantasma y la viuda se enamorarán. Con un amor aparentemente imposible que pronto será puesto a prueba por las circunstancias vitales de la viuda.

Gene Tierney como Lucy Muir y Rex Harrison como el fantasma del viejo capitán, en uno de sus encuentros nocturnos.

Y conforme la película avanza, el espectador que no desea otra cosa más que algún milagro haga que tan bello amor sea posible, descubre con tristeza que sólo hay un modo que ambos amantes puedan estar juntos para siempre. Y a partir de ahí la melancolía inevitablemente tiñe el filme. Sólo la muerte de Lucy puede reunirla con el viejo capitán.

Como ya digo, no voy a contar los avatares que llevan hasta el final de la historia. Tampoco discutiré sobre si es posible un final feliz en una historia como ésta. Nada de eso importa. Lo mejor es verla. Y disfrutar con las interpretaciones de ambos protagonistas. También conviene admirar la fotografía de Charles Lang, que aporta un inmejorable ambiente a esta bella historia de amor, que optó a un premio de la Academia de Hollywood. Que no ganó. Una pena.

En cualquier caso, quería compartir con todos vosotros una de las películas de las que tocan los sentimientos, a pesar de que han pasado más de sesenta años desde que se realizó.

Escena final del filme; ¿necesito explicar algo más?