Canal RSS

Archivo de la etiqueta: Juliette Binoche

Juliette, el chic de lo francés

Publicado en

Hace un par de días estaba cenando con unos amigos, cuando surgió a conversación el fallecimiento de Elizabeth Taylor. Y de ahí derivó la conversación a hablar sobre actrices guapas, realmente guapas. Con una sensación. Que hoy en día hay muchas actrices a las que se les puede llamar guapas, pero ninguna te deja la impresión de las de antaño. No sabíamos definir muy bien porqué. O hasta que punto era una sensación subjetiva, etérea y difícil de definir. En un momento dado, alguien comentó algo así como… “bueno, están las francesas; las actrices francesas siempre son muy guapas”.

Creo que podría dedicar una entrada monográfica a las actrices francesas. Por lo menos de una determinada época. O incluso hacer una serie. Pero de momento me contentaré con hablar de aquella que más nos ha gustado siempre. Que más capacidad ha tenido para enamorarnos. Con quien más hemos sentido en la pantalla del cine. Aunque objetivamente se pudiera decir que hay otras más guapas. Que todo es cuestión de gustos. Me refiero a Juliette Binoche.

Tereza, una joven enamorada checa utiliza una cámara de fotos para inmortalizar los acontecimientos del a primavera del 68, y otros relacionados con su vida sentimental, en La insoportable levedad del ser.

Mis primeros recuerdos de la actriz son del estreno en España de la adaptación de la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser. Una película sobre la que no hay unanimidad en su apreciación, pero que a mí siempre me ha gustado. Especialmente porque nos dio a descubrir a un trío protagonista muy interesante. De Lena Olin tal vez hable más adelante. Porque siempre me ha parecido también una mujer y una actriz muy interesante, que ha coincidido con Binoche en más de una ocasión.

Pero si ya en aquella película nos abrumó el aspecto frágil de aquella bella joven de veintipocos años, creo que su película de juventud que acabó de definirla y convertirla en un icono de una forma de ser y actuar en el cine europeo fue Les amants du Pont-Neuf (Los amantes del Puente Nuevo). El retrato de la joven pintora sin techo que se refugia en las obras de rehabilitación del más viejo puente de París, a pesar de su nombre, maltratada por el amor y por la naturaleza, y que acabará viviendo una bella historia de amor con otro vagabundo de las calles parisinas es uno de los papeles más destacados del cine de la época.

La joven Michelle llega a un acuerdo de convivencia con el gruñón de Hans para compartir los espacios del Pont-Neuf, sobre el Sena.

Poco a poco, llegó la fama internacional y las oportunidades de campanillas para la radiante y natural belleza de esta actriz nacida en la capital gala en 1964. Y probablemente fue su interpretación en la primera parte de la trilogía de los colores de Kieslowski, Trois couleurs: Bleu (Tres colores: Azul), la que la lanzó definitivamente al estrellato. No es mi película favorita de la trilogía, pero hay una cierta unanimidad en la crítica sobre las cualidades tanto del filme como de la interpretación.

No mucho después llegó el reconocimiento internacional, cuando recogió su óscar a la mejor interpretación femenina de reparto por su papel de Hana en The English Patient (El paciente inglés). Su composición de la joven enfermera canadiense durante la invasión aliada de Italia, que queda al cuidado del quemado y atormentado “paciente inglés” consiguió algunas de las escenas más emotivas del cine que he visto en la gran pantalla, haciendo de esta película, con la colaboración necesaria del resto del elenco, una de mis favoritas de toda la historia del cine.

La atormentada viuda del compositor que representa en Tres colores: Azul enamoró a muchos espectadores.

Hana, con su uniforme de campaña de las fuerzas auxiliares de sanidad canadienses en Italia, se refugia ante uno de las estresantes situaciones que le harán replantearse que hace ella en esta guerra.

Obviamente no voy a repasar todas las películas que he visto de la actriz, sólo aquellas que más significativas me parecen. Por lo tanto, daré ahora un salto para encontrarla convertida en una especie de “bruja buena” que con su hija es llevada por el viento hasta un conservador pueblo de la campiña francesa, donde embrujará a todos no con sortilegios ni cosas de estas, sino con su encanto natural y sus dulces de chocolate. Por estamos hablando de Chocolat, una película adaptación de la novela del mismo título de Joanne Harris, una película que aunque no alcance el nivel de las anteriores es una delicia de ver, y que nos muestra a una Juliette Binoche que progresivamente va aceptando su entrada en papeles de mujer más madura. Tranquilamente. Sin grandes alharacas.

Esta película reivindica notablemente la figura femenina, y cuenta con otras excelentes actrices en su reparto, de las cuales en algún momento iré hablando. Nuevamente colabora con Lena Olin.

La itinerante madre Vianne Rocher abre su chocolatería en el ficticio Lansquenet-sur-Tannes, en algún lugar del centro de Francia, alterando la tranquila y ordenada vida de sus conservadores habitantes.

Cerraré mi repaso por la cinematografía de esta excelente y guapísima actriz francesa, una de mis preferidas de todos los tiempos, con el último filme que estrenó en las pantallas españolas durante el pasado otoño. Copie conforme (Copia certificada) es un drama matrimonial, en el que nunca sabemos qué es real y que es representado, en el cual una madura Binoche da un recital de intensidad dramática en la interpretación. Una demostración que tenemos actriz para rato, y que seguiremos disfrutando de su elegancia interpretativa, de su hermosura, y del buen cine que trae consigo. Que así sea.

Por las calles de una ciudad de la Toscana italiana, una mujer en los cuarenta, cuyo nombre no llegaremos a conocer, arrastra a su hijo preadolescente en su papel de madre que sufre otros conflictos íntimos que conoceremos durante el filme.