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[Oscars 2011] Annette Bening, y la película que llegó con un año de retraso

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Recientemente dediqué una entrada de estas memorias a Natalie Portman, y lo hice por los méritos propios de la actriz. Pero también coincide que ha sido la ganadora del Oscar a la mejor actriz protagonista en la gala de los 83º premios de la Academia de Hollywood. He decidido que en los próximos días, empezando por hoy, dedicaré una entrada a cada una de las actrices candidatas a este premio. Y lo haré recordándolas por una de sus películas. Que no tiene porque ser la mejor, o la más conocida. Sino aquella que me parece digna de un comentario por el motivo que sea. Y voy a empezar por la que es mi favorita de las cinco. No la favorita para el premio, que no lo era en este caso. Pero sí mi favorita con carácter general.

Candidata al óscar en cuatro ocasiones, tres de ellas en la categoría de actriz principal y una de ellas en la de actriz de reparto, mi primer recuerdo cinematográfico de Annette Bening fue en Valmont, adaptación de la novela de Choderlos de Laclos, Les liaisons dangereuses, novela que narra utilizando el género epistola un duelo libertino entre dos miembros de la nobleza del siglo de las luces.

Annette Bening compone en Valmont una Marquesa de Merteuil que, aparte de su malignidad intrínseca, nos aparece alegre, vivaracha, muy seductora, con una sonrisa absolutamente irresistible.

Pero la película tuvo desde su estreno un tremendo hándicap. Un año antes se estrenó Las amistades peligrosas, dirigida por Stephen Frears, realizada con una producción realmente lujosa, y con un reparto en estado de gracia que se convertiría en un clásico del cine. Ya les llegará el día a sus actrices protagonistas en que aparecerán por estas páginas. De momento dejémoslas de lado. Premiada con varios óscars, y candadita a algunos más, planeo siempre como una negra sombra sobre el estreno de Valmont.

La picardía en los movimientos y en las actitudes que imprimió a su personaje Annette Bening contrastaban con la frialdad y distancia de la "otra" Marquesa de Merteuil.

En estas condiciones, la película dirigida por Milos Forman tuvo un recibimiento de crítica y público mucho más frío que el que se le dispensó a su predecesora. Y desde mi punto de vista, de forma totalmente inmerecida. En mi opinión, esta tercera versión de la novela de Choderlos de Laclos (hubo una primera versión francesa de los años 50, ambientada en una época contemporánea) tenía tanto méritos como su predecesora inmediata. Aunque queda a discreción de cada uno preferir uno u otro enfoque a la hora de narrar la historia, ya que las diferencias desde este punto de vista son notables.

La marquesa (Annette Bening) con Cecile de Volanges (Fairuza Balk), joven adolescente, que será descarriada por las maquinaciones de los dos protagonistas.

Pero centrémonos en el personaje y en la interpretación de la Bening. Su composición de la maquiavélica Marquesa de Merteuil es radicalmente distinta de la que pudimos ver un año antes. Con un físico más atractivo, una mujer más joven, más vivaz, con más chispa, más sensual que su predecesora, iluminaba la pantalla como lo ha seguido haciendo sistemáticamente en cuantas películas ha actuado.

Merteuil (Annette Bening) conversa en los jardines de Madame de Rosemonde con la que será su principal rival, a pesar de su candidez y puritanismo; Madame de Tourvel, interpretada por Meg Tilly.

Pero si en la historia de amores, libertinaje, traiciones y celos que constituyen las justamente denominadas ‘relaciones peligrosas’ es importante la marquesa, no lo son menos el resto de los personajes. Por supuesto, su oponente masculino, el Vizconde de Valmont, que da título a la película de Forman, y que es interpretado por el entonces prácticamente desconocido para el gran público Colin Firth. Curiosamente el último ganador del óscar a la mejor interpretación masculina protagonista. Quizá este es uno de los aspectos en los que peor compite la película con su predecesora, ya que el ‘otro’ Valmont, estuvo realmente en estado de gracia. El resto del reparto, fundamentalmente las oponentes femeninas de la marquesa, son actrices que no han alcanzado la fama y el reconocimiento de las que interpretaron sus personajes un año antes. Pero he de reconocer que tanto Meg Tilly como Fairuza Balk estaban plenamente convincentes en sus papeles.

Una de las escenas más conocidas de la historia, el encuentro entre Valmont y Merteuil, con esta última metida en su bañera.

Para finalizar, no me queda sino recordar que el tiempo ha dado a la protagonista de la película y de esta entrada de hoy el justo reconocimiento que siempre ha merecido, aunque no sea en forma de estatuilla del eunuco dorado, premio que se le resiste. Pero en las dos últimas décadas, Annette Bening ha sido una de las actrices más competentes y más atractivas, tanto físicamente como en el feeling que desprende del panorama cinematográfico mundial. Y a sus 52 años sigue en plena forma y dando guerra. Y que sea por muchos años.

Serie Oscars 2011


Natalie Portman

Nicole Kidman

Michelle Williams

Jennifer Lawrence

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De niña a mujer (II): susurrando a los caballos, a los cincuentones, a los pintores,…

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Si el primer recuerdo que tengo de la primera actriz de esta serie fue cuando tenía 13 años, aproximadamente los mismos tenía Scarlett Johansson cuando la vi por primera vez en la pantalla grande, acompañando a Kristin Scott Thomas y Robert Redford en El hombre que susurraba a los caballos, dirigida por este último. Un drama no del todo acertado en el que interpretaba a una niña preadolescente, que sufre un accidente montando a caballo, que le supone perder la pierna, la autoestima, y casi, el caballo. Pero la joven Scarlett tenía una cierta experiencia ya ante las cámaras cuando rodó esta película. Anuncios publicitarios y algunas series de televisión figuraban ya en su joven currículo.

La joven Scarlett con Robert Redford, luchando por recuperar a su caballo.

La niña, ya convertida en adolescente, fue haciendo en películas que no pasarán a la historia del cine, o en papeles muy limitados. No tuvo la suerte o no supo seleccionar papeles más selectos como la joven Natalie. Hasta que una de las directoras punteras del cine independiente la escogió para protagonizar una pequeña joya sobre la soledad y la complejidad de las relaciones humanas, Lost in Translation. Junto con su interpretación en La joven de la perla, rodada el mismo año, pero estrenada algo después, supuso el descubrimiento que al parecer de muchos reunía tres cualidades notables: talento, juventud y belleza.

 

Perdida en la traducción y en Tokio, bajo la lluvia, nunca estuvo más interesante; desde todos los puntos de vista.

Fue una explosión mediática, y empezó a inundar las revistas, tanto las de entretenimiento como las destinadas al público masculino, siendo designada por estas últimas en diversas ocasiones como una de las mujeres más deseadas del planeta. Sin embargo, su carrera cinematográfica empezó a ser irregular. En el lado de lo positivo, papeles dignos en Una canción del pasado, o en las dos películas que le ofreció Woody Allen. Estuvo especialmente bien en su papel dramático en Match Point, donde explotaba tanto sus capacidades interpretativas como su voluptuosidad física.

Woody Allen le dio la oportunidad en Match Point de que se había hecho adulta, capaz de mostrar pasión y drama; y qué guapa estaba la condenada.

En el lado negativo, su aparición en mediocres comedias románticas, en malas películas de ciencia ficción, en una desafortunada tercera colaboración con Woody por tierras catalanas,… Incluso compartió protagonismo en un drama de época con Natalie Portman interpretando a la menos conocida de las hermanas Bolena,… Pero la película resultó francamente floja y no aportó gran cosa a su carrera.

En los últimos tiempos, siente preferencia por los superhéroes de tebeo; la ropa ajustada le queda bien, y los emolumentos serán sustanciosos... supongo.

Si el comienzo de estas dos actrices a las que hemos esta mini serie de entradas fue muy similar, soy de la opinión que el rumbo de ambas carreras ha ido divergiendo. Y mientras la jerosolimitana ha alcanzado el cénit momentáneo de su carrera con su premio de la Academia de Hollywood, está todavía por ver si la rubia de ascendencia danesa es capaz de encarrilar de nuevo su rumbo y ofrecernos buenas interpretaciones. Porque lo de estar buena, tarde o temprano, se le acabará. Y si te he visto, no me acuerdo. Todo es cuestión de tiempo. Claro, que todavía es joven, y los fotógrafos y las marcas de moda se la rifan. Actuar, últimamente no actúa gran cosa en cuanto a calidad, pero vender, vende un montón.

A mí me gustaría mucho que volviera la chica sencilla que se perdió en Tokio.

Pero a muchos nos gustaría que volviese la chica de Tokio,... o en lo que se convirtiese cuando se fuese haciendo mayor.

[Oscars 2011] De niña a mujer (I): todo empezó con un asesino que se llamaba León

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Tres años hace que no actualizo este blog. Vergonzoso. Pero he decidido darle una nueva oportunidad. O mejor dicho, dar a nuestras actrices favoritas la oportunidad de que se sigan asomando por estas páginas. Y conocerlas un poco más. Y mejor. Y así, seguir adorándolas. U odiándolas. Que de todo tiene que haber. Ya vale de cháchara.

La excusa es perfecta. Los mediáticos y muy comerciales premios de la Academia, los óscars, me dan la elección hecha. Pero también me sugieren una serie de entradas. Las de aquellas actrices que conocimos de niñas y que acabaron convirtiéndose en mujeres con una destacable capacidad interpretativa. E incluso con mucho glamour. Empezaremos por lo tanto, con la recientemente ganadora de un premio de la Academia, Natalie Portman.

La conocimos de niña. Con sólo 13 años. Pero aparentaba menos. Sigue aparentando menos. Ya se sabe. Lo que dice el refrán castizo. El borrico pequeñico parece siempre jovencico. Nacida en Jerusalén con el nombre de Natalie Hershlag, pero la podemos considerar como una chica de la costa este de los Estados Unidos. En aquella primera película, León, nos impresionaba con su mezcla de fragilidad y fortaleza, en medio de la violencia y la dureza del mundo en el que le tocaba vivir. Impresionante comienzo para una carrera cinematográfica.

Portman y Jean Reno en León, el profesional

Pero cuando alimentó nuestras esperanzas fue en la estupenda Beautiful Girls. Aquella lolita a su pesar, que atraía al treintañero en crisis, que nos alucinaba en sus escenas del balcón de una versión disléxica de Romeo y Julieta, como su personaje decía. Aquella mente adulta en un cuerpo diminuto, rodeada de adultos de grandes corpachones y mentes infantiles. De aquella película sólo hay una cosa que nos defraudó. Y que no le hemos acabado de perdonar. Nos prometió que a los 18 años mediría 1,80 y estaría muy buena.

Con Timothy Hutton, a quien llevaba a maltraer, en Beautiful Girls

La chica no está mal. Pero se nos ha quedado más chiquita. Lo que bien le ha valido para seguir cultivando una imagen a caballo entre la adolescencia y la edad adulta, que le ha acompañado hasta nuestros días. Hija pija de familia bien en Todos dicen I Love You, princesa adolescente en las mediocres precuelas de Star Wars, el breve y dramático papelito en Cold Mountain como esposa de soldado y madre que las pasa canutas, y otras en las que se desenvuelve con razonable soltura y competencia.

Y llega su primer papel de cierto nivel con aquella bailarina de striptease que nos encandiló en Closer y que le supuso su primera candidatura a los óscar. Nos encandilo como actriz, digo, pero también nos empezó a enamorar como mujer, a la que veíamos joven, sí, pero ya no niña. Poco tiempo después, un dramático papel en V de Vendetta, película que no me acaba de parecer redonda pero sí interesante, incluido el papel de nuestra actriz de hoy.

En Closer, la niña se nos había convertido en una mujer madura y sensual.

Después se sucenden una serie de películas unas mejores y otras peores, entre las que me quedo con su breve pero intenso papel en My Blueberry Nights, para llegar a la película que la ha lanzado al estrellato definitivo con esa bailarina mentalmente perjudicada, que no se sabe cisne blanco o negro, y que le ha supuesto su segunda candidatura a los óscars, con premio incluido en la categoría de actriz protagonista.

Ya no es una niña. Tiene casi 30 años. Aunque juega a favor de su físico para interpretar papeles de chicas más jóvenes, una constante en su carrera. Algo de lo que se tendrá que deshacer, porque otras han pasado primero por ahí que no supieron evolucionar. Mencionaría ahora a su compañera de reparto en Cisne negro, Winona Ryder. De quien debería hablar en algún momento. Pero no ahora.

Caracterizada como el cisne negro en la película que le ha valido el óscar.

Para Portman se va pasando la época de actriz glamourosa, que tampoco ha sido. Y toca la de afianzarse con lo que parece que se le da mejor. La de actriz dramática de nivel. Pero muchas han sido las actrices que han sufrido la maldición del los óscars, y después han desbarrado notablemente en su carrera. Esperemos que no le pase. Por su bien. Y el de todos nosotros. De verdad.

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